Åsgårdsreien - Peter Nicolai Arbo, 1872. Valquirias recogiendo a quienes han muerto en batalla para llevarlos al Asgard donde Odín los convertiría en sus einherjar.



Muy agradecido por su mención al presente artículo a Victor Lapuente, doctor en ciencias políticas por la universidad de Oxford, y autor del libro El retorno de los Chamanes :-)



En un artículo anterior comenzó una serie dedicada a mitos en materia de política económica de los países nórdicos, y en el que concretamente se analizó su gasto público social con respecto al resto de países de la OCDE, es decir, gasto en políticas públicas (y privadas), como por ejemplo sanidad, pensiones, o desempleo. La percepción instaurada en el imaginario colectivo de cómo han alcanzado la prosperidad de las naciones países como Finlandia, Suecia o Noruega, se encuentra muy lejos de las políticas económicas reales aplicadas en estos países a lo largo de la historia moderna, y que inexplicablemente continúan desconocidas para la gran mayoría.

La narrativa popular elogia sus espectaculares cifras en desempleo, salarios, pobreza o desigualdad por citar algunos ejemplos, pero nunca se analizan las políticas que les han permitido llegar a semejantes cotas de bienestar, distorsionando o simplemente omitiendo las políticas públicas concretas que les ha llevado a conseguir sus objetivos, para así ser acomodados a planificaciones y objetivos ideológicos que no tienen nada que ver con la ciencia, la evidencia y los datos rigurosos.

Esta serie continúa con otro mito y percepción de los nórdicos, y es el relacionado con su supuesta justicia fiscal. La narrativa popular identifica como una de las bases de su prosperidad de las naciones a su sistema y modelo impositivo (cómo y cuánto recaudan en impuestos), a todas luces el supuestamente más progresivo, justo y equitativo de todos los países desarrollados del planeta, y a bastante distancia de países como el nuestro. Gracias a este modelo, no solo disfrutan de sociedades cohesionadas y con cifras envidiables en multitud de métricas, como pobreza o desigualdad, sino que tienen los recursos necesarios y suficientes para poder financiar su gasto público social.

¿Qué significa que los impuestos son supuestamente progresivos, justos, y equitativos? aunque el concepto teórico y filosófico de libertad y justicia en una sociedad no es único, sí que el consenso socialdemócrata actual considera que los impuestos son catalogados como tal si, en términos generales, se recauda más por impuestos al capital, ahorro o patrimonio (ganancias de capital, Impuesto de Sociedades, impuesto sobre el patrimonio, sucesiones y donaciones, transmisiones patrimoniales, etc.) que por impuestos al trabajo (IRPF, Cotizaciones Sociales, etc.) o al consumo, como el Impuesto sobre el Valor Añadido, que es en teoría un impuesto difícilmente progresivo ya que un 21% lo paga igualmente un "mil eurista" que un directivo. O si un impuesto con mucha más capacidad de ser progresivo como el impuesto sobre la renta (IRPF), grava con mucha más intensidad a las rentas altas que a las bajas. En definitiva, el marco de justicia e igualdad en los países nórdicos con respecto a España sería supuestamente mucho más respetuoso con el trabajo que con el capital, con el trabajador que con el capitalista, con las rentas bajas que con las rentas altas, así como no permitir grandes desigualdades en la acumulación de riqueza a través de medidas fiscales públicas concretas.

Los países nórdicos, como el profesor de ciencias políticas Victor Lapuente describe en su más que imprescindible libro El Retorno de los Chamanes, se caracterizan por haber estado practicando desde hace décadas lo que se denomina políticas públicas incrementalistas, en contra posición a países como el nuestro, que se caracterizan por haber practicado sistemas formales de planificación vertical. Este sistema desarrollado por el doctor de ciencias políticas de la universidad de Yale Charles E. Lindblom, se basa en la puesta en marcha de experimentos de baja escala que realizan ajustes incrementales en base a pragmatismo, evidencia científica, y criterios de validación, con la finalidad de tratar de solucionar problemas concretos que hasta la fecha no han encontrado solución. De esta manera, las democracias y las sociedades avanzan sin grandes sobre saltos, gracias a que se evitan los grandes cambios que son normalmente fuente y desencadenantes de conflictos y tensiones sociales. O dicho de otra manera, lo que mueve el cambio en estos países no son las ideologías, la búsqueda de la verdad absoluta, y su implementación a cualquier precio, sino la evidencia y los datos de qué funciona y qué no en cada momento.

Por tanto, la pregunta es la siguiente: en esta evolución histórica de políticas públicas incrementales ¿han terminado siendo todos los países nórdicos los más progresivos, justos y equitativos en la recaudación de impuestos? ¿Está España lejos de sus políticas fiscales? ¿qué dicen las estadísticas, los datos y la evidencia? ¿sus políticas públicas incrementalistas basadas en la evidencia y pragmatismo, y no en la ideología y los grandes cambios, han terminado dando lugar a un sistema como el descrito anteriormente? Para analizar la veracidad de este mito con mayor precisión, se utilizarán los datos desagregados de contabilidad nacional aportados por el último informe de Eurostat Taxation trends in the European Union para 2014, y que separa la recaudación desde multitud de ángulos diferentes.


Tipos implícitos en consumo, trabajo y capital.

El tipo implícito es un intento de medir el tipo efectivo real con el que se recauda impuestos en un área económica, siguiendo una metodología rigurosa. Si por ejemplo en IVA existen tres tipos (normal 21%, reducido 10%, y super reducido 4%), el tipo implícito calcularía el tipo real que se obtiene con respecto a todo lo recaudado por IVA en un año (por ejemplo, un 18%). O dicho de otra manera, sería el porcentaje medio en impuestos al consumo que realmente se paga a la hacienda de un país para toda la actividad económica de consumo.

En la primera gráfica se proporciona el total (barras) y descomposición (sub-barras) del tipo impositivo implícito medio sobre el consumo en los países de la Unión Europa en 2012 (IVA, Tabaco-alcohol, Energía y resto). Los datos y la evidencia muestran que todos los países denominados nórdicos aplican un tipo efectivo total medio sobre el consumo entre 10.5 y 17 puntos superior a España, y en concreto, entre 6.9 y 12.2 puntos superior en IVA. A modo de ejemplo, mientras el IVA en Dinamarca es un tipo único estándar del 25% (no existe ni reducido ni super reducido para productos de primera necesidad), en España en 2012 existía un tipo estándar del 21%, uno reducido del 10%, y uno super reducido del 4% (Nota: el informe de Eurostat solo proporciona el total para Noruega e Islandia).




En la segunda gráfica se presentan los tipos impositivos implícitos medios sobre el trabajo en 2012, es decir, los impuestos que deben pagar los trabajadores a hacienda en forma de 1. Seguridad Social por parte de la empresa, 2. Seguridad Social por parte del trabajador, y 3. IRPF, y que como se analizó en entradas anteriores, es lo que se consideraría como costo total del trabajador (o salario bruto real que no reflejan las nóminas). Dinamarca tiene un tipo medio total del 34.4%, Finlandia 40.1%, Suecia 38.6%, Noruega 36.4% y Holanda 38.5% (no se proporcionan datos para Islandia), mientras que en España es del 33.5%. O dicho de otra manera, los trabajadores en los países nórdicos pagan en impuestos al trabajo entre 1 y 6.6 puntos más que España. La partida donde existen diferencias más claras es en IRPF, ya que los nórdicos recaudan entre 2 y 20 puntos más que nuestro país. En las otras dos partidas existe disparidad de cifras, por lo que no existen datos concluyentes (es decir, unos países recaudan más, y otros menos).




El último apartado relacionado con el tipo implícito medio está reservado para el capital. En la siguiente gráfica se presenta el análisis de las dos partidas más interesantes, como son la ITR de rentas empresariales (color morado - definición Box. F4), y la ITR para personas físicas y autónomos (color amarillo oscuro - definición Box. F5). La primera partida son los tipos efectivos pagados por las empresas a la hacienda correspondiente (por ejemplo, sobre sus beneficios a través del Impuesto de Sociedades), mientras que la segunda representa el tipo efectivo sobre las rentas del capital en el impuesto sobre la renta de las personas físicas y autónomos, como por ejemplo, los impuestos que debe pagar a hacienda un ciudadano por intereses o dividendos cuando contrata un depósito bancario o unas acciones empresariales, o los beneficios empresariales de un autónomo.

A la vista de los datos se puede observar un comportamiento en los países nórdicos que no deberían ser los esperados a priori, ya que mientras los tipos impositivos efectivos medios que pagan las empresas es bastante similar entre Dinamarca, Finlandia, Noruega y España (Holanda es 11 puntos inferior, y Suecia 4.1 puntos superior), la gran diferencia se presenta en los impuestos que pagan las personas físicas y los autónomos en el IRPF. Dinamarca tiene un tipo 39.4 puntos superior a España, Finlandia 9.7 puntos, Suecia 4.7, y Noruega 22 puntos, mientras que Holanda es 0.9 puntos inferior (definiciones en Anexo B pag. 385 del informe adjunto).





Recaudación en impuestos por consumo, trabajo y capital.

En los tres apartados anteriores se estudiaron las diferencias entre España y los países nórdicos con respecto a los tipos impositivos aplicados a diferentes funciones económicas (consumo, trabajo y capital). En las siguientes tres gráficas se analizarán las mismas variables pero con respecto al porcentaje de todo lo recaudado por cada país en impuestos. La razón es sencilla: no solo es interesante analizar y comparar los tipos efectivos (por ejemplo, cuánto se paga en IVA de media para la actividad económica de consumir), sino cuánto se recauda con respecto al total (en este caso, con respecto al PIB).

En el cuarto gráfico se representa la recaudación en impuestos con respecto al PIB para la actividad económica del consumo. Como se puede observar, Dinamarca recauda 6.3 puntos más que España, Finlandia 5.7 puntos más, Islandia 4.3, Suecia 4, Holanda 2.4 y Noruega 2.3, situándose España a la cola de la clasificación con una recaudación del 8.6% del PIB en 2012. La partida donde existe mayor diferencia, tanto en términos absolutos como relativos, es en IVA, con una diferencia de recaudación entre 1 y 4.1 puntos inferior a los nórdicos.




Con respecto a la participación en la recaudación de impuestos al trabajo, en la siguiente gráfica los datos muestran que Suecia recauda en impuestos directos e indirectos de los salarios de los trabajadores un 25.9% PIB, Dinamarca 24.5% PIB, Finlandia 23.5% PIB, Holanda 22.4% PIB, Noruega 17.5% PIB, y finalmente España recauda un 17.2% PIB (no se aportan datos para Islandia). Para la primera rúbrica impuestos al trabajo "aportados por la empresa" (color morado), solo Suecia y Finlandia se encuentran por encima de España. Para la segunda rúbrica de impuestos "aportados por los trabajadores" (amarillo claro), se produce el efecto contrario, es decir, todos los países sin excepción, aportan más que España en impuestos al trabajo "aportados por el trabajador" (entre 3.2 y 11.2 puntos más). Es interesante destacar que a excepción de Noruega, en el resto de nórdicos los desempleados colaboran con hacienda con más impuestos que en España.




Finalmente, en relación a la recaudación del capital, es decir, lo que se recauda por beneficios de empresas, hogares, autónomos y stock de capital, España figura en la tercera posición, con un 7.5% PIB, solo superada por Noruega (13.8% PIB) y Dinamarca (8.9% PIB), por lo que cuatro países nórdicos de seis recaudan por debajo de nuestro país. Si se analiza por rúbricas, se produce un comportamiento interesante: a excepción de Noruega, todos los nórdicos recaudan un volumen similar a nuestro país por rentas o beneficios empresariales.





Recaudación por impuestos al patrimonio.

También es interesante analizar cómo recaudan los Estados nórdicos a través de los impuestos al patrimonio y la propiedad, es decir, todos aquellos impuestos que tratan de gravar parte del ahorro e inversión acumulado a través del tiempo por parte de sus ciudadanos. Eurostat desagrega en dos partidas: "impuestos a la propiedad inamovible recurrentes", y "otros impuestos a la propiedad". La primera partida se refiere básicamente a impuestos a tierras, edificios, viviendas, locales comerciales, etc., mientras que la segunda partida se refiere a impuestos por sucesiones, herencias, transmisiones, transacciones financieras, etc. (para más información sobre definiciones, acudir a pag. 280 de dicho informe).

En la siguiente gráfica se puede observar la recaudación total con respecto al PIB de ambas rúbricas para los seis nórdicos, y en la que España se sitúa por delante de Finlandia, Holanda, Noruega y Suecia, aunque por detrás de Dinamarca e Islandia. En impuestos a la propiedad inamovible, solo Dinamarca e Islandia recaudan más que nuestro país (0.3 y 0.9 puntos porcentuales más). Sin embargo destaca la recaudación en la partida relacionada con gravar patrimonio como herencias o sucesiones, en la que España se sitúa junto a Islandia en primera posición.





Tipos efectivos medios para empresas no financieras.

Eurostat también proporciona una estadística muy interesante, y es el tipo efectivo medio que aplican los gobiernos sobre las empresas europeas no financieras en forma de impuestos (fuente: aquí y aquí). El estudio es un indicador sintético que sirve para comparar tipos efectivos aplicados a las empresas entre diferentes países, y que no solo las analiza desde la perspectiva del impuesto de sociedades, sino que abarca muchas otras áreas que permanecen opacas al ciudadano, como son los impuestos municipales, inversión, adquisición/tramitación de patentes, activos como edificios industriales, etc., y que proporciona una nueva dimensión a la realidad de una empresa. A la vista de los datos oficiales proporcionados por Eurostat, se puede verificar que España se encuentra situada por delante de los seis países nórdicos, y con un tipo efectivo aplicado sobre sus empresas entre 7.2 y 14.3 puntos superior.





Progresividad fiscal en impuestos al trabajo.

Una de las variables clave a la hora de analizar la progresividad de los impuestos en un país, es la presión fiscal en impuestos al trabajo en función de la renta y capacidad de los trabajadores. Un país puede estar recaudando más que otro por impuestos al trabajo, pero hacerlo de manera progresiva (pagan más quienes más ganan). La OCDE en su informe Taxing Wages 2015 proporciona una estimación de los impuestos al trabajo que se aplican a las nóminas de los trabajadores con respecto al costo total (se incluyen los beneficios fiscales), y para diferentes rangos de renta.

Para poner cifras en perspectiva, este rango de renta se encuentra entre el 50% y el 250% del salario promedio en España (26.000€), y que corresponde a un costo total de 13.000€ anuales (8.800€ netos descontando la cuña fiscal de 32.25%) y 65.000€ brutos anuales respectivamente (o 36.300€ descontando la cuña fiscal de 44.19%). Aunque no es una estadística de máxima precisión, como podrían ser datos de tipos efectivos y/o marginales sobre bases imponibles proporcionados por las agencias tributarias correspondientes, sí que proporciona información muy interesante sobre la tendencia general para la comparación entre países.

En la siguiente gráfica se proporciona la presión fiscal para una persona tipo soltera y sin hijos. A la vista de los datos se puede observar un comportamiento interesante, y es que de acuerdo a este indicador, en torno al 75% de los trabajadores de menos renta en España pagan más impuestos al trabajo que Dinamarca, Holanda, Noruega e Islandia, y es a partir del Top 25% que cada uno de estos países comienza a superar al nuestro en impuestos a las rentas más altas, aunque esta diferencia apenas supera el 8% para el caso de Dinamarca en el salario más alto. De acuerdo a la tendencia en progresividad, se podría decir que España la pierde en el Top 25% en comparación con el resto de tendencias (la curva se aplana a partir del rango 170%).

Por otro lado, Suecia y Finlandia sí aplican una presión fiscal más elevada que en España para casi todo el rango de rentas, siendo muy notable a partir del Top 25% de rentas más altas, llegando a ser la presión un 27% superior en Suecia para el caso más extremo. O dicho de otra manera, tanto los "mil euristas", como las rentas más altas, pagan bastantes más impuestos al trabajo que en España, y su tendencia también es claramente progresiva.




Como complemento al gráfico anterior, también se proporciona la presión fiscal para el mismo espectro de renta, pero para una familia tipo formada por dos adultos, dos hijos, y solo un miembro trabajando. Como se puede observar, la presión fiscal sobre este tipo de familias para todos los países es un poco inferior para las rentas más bajas, pero similar para las medias y altas. Suecia y Finlandia ocupan los dos primeros puestos, y España el tercero hasta el perfil de renta 160%, a partir del cual el resto de países a excepción de Islandia supera al nuestro en impuestos al trabajo.




Por último, si atendemos al marginal máximo que aplican estos países a las rentas más altas, es decir, el tipo que se aplica sobre la base imponible en la declaración de la renta a los ciudadanos más ricos, si acudimos a la base de datos de la OCDE podemos encontrar un dato también a priori no esperable, y es que España ya aplica marginales máximos similares a Suecia, Dinamarca, Holanda y Finlandia, y a más de 10 puntos de Noruega.





Desigualdad en la riqueza.

Finalmente, una de las múltiples variables que tratan de medir la desigualdad en las sociedades modernas, es la desigualdad en la riqueza, es decir, la parte de la tarta de la riqueza de un país que es capaz de capturar y acumular el Top 10% de la sociedad. Para este caso, se utilizará uno de los estudios más importantes hasta la fecha, como es el realizado por Credit Suisse en su edición para 2015. De acuerdo a sus estadísticas de concentración de riqueza neta (activos - deudas) en el Top 10% (propiedades inmobiliarias, acciones, bonos y dinero en efectivo), cuatro de cinco nórdicos presentan más desigualdad que España (pag. 16 - Tabla 1-5). Aunque no se proporcionan datos para Islandia, su dato de riqueza mediana por adulto (118.947$ PPP) hace pensar que probablemente también tenga una desigualdad en la riqueza superior a nuestro país.





Conclusiones.

En los apartados anteriores se han analizado y comparado los impuestos en los países nórdicos y en España, desde diferentes perspectivas y rúbricas. En las tres grandes áreas económicas, tanto por tipos efectivos, como por recaudación total, las principales diferencias de los países del norte de Europa con respecto a España en términos generales es que aplican tipos y recaudan bastante más tanto en impuestos al consumo (y en IVA en particular), como en impuestos al trabajo en general, donde destacan los aportados por el trabajador y los aportados por los desempleados. En tributación con respecto al capital, todos los países a excepción de Noruega se mantienen en rangos similares en todas sus diferentes partidas, como por ejemplo en beneficios empresariales.

A continuación se han abordado otras rúbricas, como los impuestos al patrimonio y la propiedad privada, donde España recauda por delante de 4 nórdicos tanto en recaudación total (los duplica), como en propiedad inamovible (vivienda, locales, tierras, etc.), y por encima de los 6 en propiedad no inamovible, como son los impuestos a las herencias, transmisiones, sucesiones, impuestos a las transacciones financieras, etc. O dicho de otra manera, en términos generales no encuentran como problema social la desigualdad de oportunidades que pueda generar gravar en menor cuantía este tipo de rúbricas.

En relación a los tipos efectivos sobre empresas no financieras, a través de la construcción de un indicador Eurostat analiza cuántos impuestos pagan las empresas más allá del tributo por sociedades. Sus resultados dan luz sobre un comportamiento a priori no esperable, y es que España aplica un tipo efectivo a las empresas superior a todos los países nórdicos, con diferencias que llegan a alcanzar hasta 14.3 puntos con Suecia.

En el penúltimo apartado se ha estudiado la presión y progresividad fiscal de los países nórdicos no solo con respecto al IRPF, sino con respecto a los impuestos al trabajo en general. Los datos y la evidencia ponen de manifiesto que existen tres grupos diferenciales. en Finlandia y Suecia los trabajadores pagan más impuestos en todo el rango de renta, incluyendo a los "mil euristas". Las diferencias con respecto a Holanda, Dinamarca y Noruega no son sobresalientes en la parte alta, aunque sí en la parte media y baja (sobre todo para familias con hijos). Y el caso de Islandia es paradigmático, ya que su presión al trabajo es muy inferior a todos los países restantes. Se podría decir que España ya paga impuestos nórdicos para el bottom 75%, pero claramente pierde progresividad para el top 25% en comparación con el Norte de Europa.

Por tanto como conclusión final, se puede afirmar que existe una tendencia y evidencia que no avala por completo el mito nórdico desde el punto de vista de la fiscalidad. O dicho de otra manera, ni los nórdicos aplican más presión fiscal que España al capital, ni sus empresas tienen una cuña fiscal superior, ni aplican impuestos a la propiedad privada más gravosos, ni en todos los países nórdicos sus trabajadores de mayor renta colaboran con impuestos al trabajo muy por encima de nuestro país, ni los marginales máximos son muy diferentes. Por otro lado, recaudan mucho más a través de un impuesto poco progresivo como es el IVA, y son sociedades que permiten y toleran en general mucha más desigualdad en la riqueza (que no en la renta) entre sus ciudadanos.

Es por tanto que de acuerdo a la introducción, existe evidencia que cada nórdico ha ido aplicando políticas públicas fiscales incrementales diferentes, y que han desembocado en resultados dispares (Islandia por ejemplo no tiene nada que ver con Finlandia), tanto en causas como en efectos en la prosperidad de las naciones, y que en general no son excepcionalmente diferentes a las aplicadas en España.


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