Muy contento por la aceptación tan grande que tuvo un hilo en twitter basado en la información contenida en el presente artículo :-).


También muy agradecido a Manuel Hidalgo, doctor e investigador en economía, por su mención al presente artículo.



El término meme en Internet se usa para describir una idea, concepto, situación, expresión y/o pensamiento manifestado en cualquier tipo de medio, y que se replica mediante internet de persona a persona hasta alcanzar una amplia difusión. El concepto de meme se ha propuesto como un posible mecanismo de evolución cultural.


Uno de los pocos conceptos que comparten economistas de diferentes escuelas como uno de los pilares de la prosperidad de las naciones, no solo de todo el siglo xx, sino de todo el espectro ideológico, es la productividad. La productividad, aún siendo una variable compleja de analizar, podría resumirse como cantidad de producción (o rentas salariales y empresariales) por hora trabajada. De esta manera, crecimientos en productividad (más producción por misma hora efectiva trabajada) proporcionan crecimientos potenciales en el bienestar de la sociedad. O dicho de otra manera, el aumento de la productividad es la causa del aumento de los salarios y la prosperidad de los trabajadores.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte se ha establecido una nueva narrativa que afirma que a partir de los años 70 las magnitudes de productividad y salarios, que hasta la fecha crecían al unísono, comienzan ha divergir. Es decir, los aumentos de productividad históricos no han ido a parar a mejoras de las rentas salariales de todos los trabajadores (salarios), sino a enriquecer a las rentas empresariales (rentas del capital). De esta manera, como consecuencia de las políticas neoliberales de Thatcher y Reagan de debilitamiento sistemático del sindicalismo, flexibilización de los mercados de trabajo, robotización o el fin del periodo de acumulación keynesiano, las rentas del capital y el rentismo habrían crecido a costa del estancamiento de los salarios y la sobre explotación de los trabajadores.

Aunque la magnitud del meme puede valorarse por su cantidad, también por su calidad. Andrew McAfee, director del departamento de iniciativa por la economía digital en la universidad del MIT, no solo proponía este fenómeno en su obra bestseller Race Against the Machine, sino también en uno de sus más famosos artículos The Great Decoupling en Hardvard Business Review:


Este fenómeno es lo que denominamos el "Gran Desacoplo". Las dos caras de la prosperidad ya no siguen un crecimiento paralelo: la abundancia económica, en términos de PIB y productividad, continuaron su senda de crecimiento, mientras los salarios del trabajador típico se estancaron.



Paul Krugman, premio nobel de economía en 2008, también dedica en varias de sus columnas semanales en The Wall Street Journal a este supuesto desacople entre productividad y salarios:


[..] Existe una creencia generalizada de que el estancamiento de los salarios que hemos experimentado en nuestro "capitalismo moderno", es un tipo de ilusión que desaparecerá.



Elizabeth Warren, académica, política estadounidense, senadora por Massachusetts, y potencial candidata a competir junto a Hillary Clinton por la presidencia de los demócratas en 2016, ya proponía a este supuesto desacoplo como una de las causas de los principales peligros de la clase media:


A partir de 1975, fecha en la que productividad y salarios medianos crecieron de manera paralela, comenzaron a desacoplarse. La productividad continuó creciendo, mientras el segundo se estancó. [..] Un fenómeno que para comienzos del siglo XXI ha comenzado a convertirse en un serio problema para la clase media americana.



Para proporcionar perspectivas de la profundidad y propagación del supuesto desacoplo en internet, se proporciona un gráfico por parte de Economic Policy Institute, uno de los Think Tanks de economía progresista más importantes de Estados Unidos, y que a su vez es reproducido incluso por uno de los nobel de economía más importantes de la actualidad, Joseph Stiglizt:




De ser ciertas las premisas, sería una prueba notable del lento pero constante avance de la desigualdad entre el trabajo y la empresa, del asalariado frente al capital, de los salarios frente a los beneficios empresariales. Pero ¿es cierto este desacople? ¿son correctas las premisas? ¿los trabajadores han sido explotados no permitiendo que se beneficien de estos incrementos de productividad?


Estudios que falsan el meme.

Una de las ventajas que tiene la investigación científica es la revisión de pares. Esta revisión permite que la publicación de descubrimientos o análisis, antes de ser aceptados por la comunidad como conocimiento asentado, deban pasar el filtro de la falsación, es decir, trabajos que traten de replicar sus conclusiones o corregir deficiencias en la metodología. Y ha sido la comunidad científica quien recientemente ha publicado informes que ponen en evidencia una larga y profunda lista de errores a la hora de calcular esta supuesta divergencia entre productividad y salarios.

Gracias a un trabajo reciente de los profesores de London School of Economics João Paulo Pessoa y John Van Reenen, se puede comprender mucho mejor los errores de metodología cometidos a la hora de componer el gráfico. La conclusión de esta supuesta caída masiva del crecimiento de los salarios en relación al crecimiento de la productividad, se debe básicamente a estar comparando peras con manzanas.

En el siguiente gráfico se puede observar cuál ha sido la diferencia real entre ambas magnitudes de productividad y salarios ("net decoupling"), y que ha crecido desde un 2.14% en 1975, hasta un 13% en 2010 (pag. 57), cifras notablemente diferentes al "gross decoupling" de 76.18% en 2010, que correspondería a esa supuesta divergencia expuesta por el mito del desacople (gráfico número uno).




¿Cuáles son los factores que explican esta diferencia entre el "gross decoupling" y "net decoupling", es decir, entre la gráfica que propaga el meme y esta última que la corrige? Aunque el estudio facilita el porcentaje de cada uno de los componentes, para el caso de Estados Unidos se describen los tres más importantes:

  1. Beneficios: No debe compararse salarios con productividad, sino compensación con productividad. ¿La diferencia? la compensación no solo incluye los salarios, sino otros componentes como aportaciones a planes de pensiones, seguro médico, componente de salario variable, o transferencias. En 2010 este componente explicaba el 14.93% de la diferencia.

  2. Deflactores: Para corregir por inflación, utilizar deflactores diferentes explica un 30.62%, que es la diferencia entre el deflactor del PIB e IPC en Estados Unidos.

  3. Desigualdad: En términos estadísticos, utilizar la media es mucho más cualitativo que la mediana, ya que la segunda no captura la desigualdad salarial creciente desde los años 80, y que explica el 14.95% de la diferencia.

Si se corrigen todas estas magnitudes, se obtiene la diferencia neta ("net decoupling"), que sí podría considerarse como aquellas rentas que no han sido absorbidas por el trabajo y sí por el capital, y que representan el 13%. De acuerdo a las conclusiones del estudio, y núcleo de la confusión a la hora de interpretar esta gráfica, la desigualdad entre productividad y salarios medianos no se ha producido entre trabajadores y empresas, sino entre los propios trabajadores, es decir, entre los trabajadores de salarios más altos y salarios más bajos.

También recientemente Ana Stanbury y Lawrence Summers, ex secretario del Tesoro de Estados Unidos, no solo replican este mismo fenómeno en uno de los papers más importantes de 2017, sino que también concluyen lo mismo que Pessoa y Reenen. Es decir, no solo se estaban comparando magnitudes diferentes a la hora de evaluar si el capital cada vez acapara más rentas, sino que en la interpretación de la divergencia entre productividad y compensación del trabajador mediano.




Pero la sopresa se produce recientemente cuando la propia Economic Policy Institute, a través de sus economistas Josh Bivens y Lawrence Mishel, actualizan su informe con la nueva evidencia aportada por trabajos recientes como los de Pessoa y Reenen, recalculando con la nueva metodología, y actualizando su famoso gráfico de desacople para obtener el mostrado a continuación. Como se puede observar, el desacople entre productividad y compensación media se produce a partir del año 2000, y que para nada refleja las diferencias tan significativas de sus resultados previos. Es decir, de media todos los trabajadores estarían capturando las mejoras de productividad.




También actualizan los cálculos de las contribuciones que explican la diferencia entre la productividad media, y la compensación salarial mediana, confirmando que el famoso desacople se estaba mal interpretando. Como se puede observar, solo el 11.5% del supuesto desacople desde 1970 se puede explicar por trasvases de rentas de los trabajadores al capital. La segunda causa estaría explicada por el uso de diferentes correctores de inflación, como muy bien apuntaba Pessoa y Reene.




¿Y qué explica casi el 60% de la diferencia entre el salario mediano y productividad media? de nuevo la desigualdad salarial. O dicho de otra manera, como también apuntaban Pessoa y Reene, se estaba mal interpretando la gráfica, ya que la causa correcta de la divergencia se está produciendo entre los propios trabajadores, es decir, trabajadores que por ser más productivos que la media, capturan más rentas salariales y compensaciones que aquellos trabajadores que están por debajo de la productividad media, tal y como se puede observar a continuación.






Aún así, también existe más trabajos que apuntan en la misma dirección. Richard G. Anderson, miembro de Federal Reserve Bank of St. Louis, obtiene las mismas conclusiones. La justificación de la diferencia entre salarios y compensación sigue siendo la misma, aunque también incorpora una razón más: los salarios de empleados de alta especialización, experiencia, y cuyo trabajo no se mide por horas, sino por objetivos, está evolucionando hacia compensaciones variables, lo que sería una posible explicación en el uso equivocado de salarios medianos a la hora de calcular este fenómeno.




Atif Mian y Amir Sufi, profesores de la universida de Princenton y Chicago respectivamente, y autores del best seller House of Debt, también hacen referencia a este mismo fenómeno, es decir, a un problema de captura salarial desigualdad por parte de las familias de más renta del país:


" [..] The net result is that families at the higher end of the income distribution have received more of the income produced by the economy since the 1980s. The latter fact has been documented meticulously by the brilliant research of Thomas Piketty and Emmanuel Saez."



También otros muchos son los académicos que proporcionan evidencias de los errores de metodología. Dean Baker, director del Think Tank Center of economic and Policy Research, apunta en la misma dirección en Behind the Gap between Productivity and Wage Growth.

El profesor de la universidad de Harvard Martin Feldstein, antiguo presidente de la prestigiosa National Bureau of Economic Research, también concluye que esta aparente divergencia es el resultado de utilizar datos incorrectos para medir salarios y productividad (aquí y aquí).

Por último, el Profesor de la universidad de Georgetown Stephen Rose, también encuentra evidencia de que ese aparente gap entre trabajo y productividad se desvanece en el momento en que se utilicen los datos correctos.


Conclusiones.

Las primeras conclusiones son de tipo analítico. En primer lugar, la evidencia empírica indica que sí existe desacoplo entre productividad media y compensación media, pero no empieza en los años 70, sino en torno a principios de siglo xxi. Es decir, es a partir de esta fecha en la que el capital sí comienza a absorver las mejoras de productividad, pero por causas que no tienen nada que ver con las narrativas populares sin base empírica, sino otras más contrastadas como el cambio tecnológico y de las que se hablará en próximos artículos (aquí o aquí por citar solo algunos ejemplos).

En segundo lugar, la divergencia entre la productividad media y el salario mediano es real, pero mal interpretado. La razón no se encuentra entre una competición entre trabajo y capital, sino en la desigualdad salarial entre los propios trabajadores.

En tercer lugar, es necesario insistir que el error ya no está solo siendo falsado por estudios actuales, sino que es el mismo informe económico de la Economic Policy Institute quien rectifica sus cálculos y conclusiones para incorporar las nuevas investigaciones, hecho que indica que es una institución sólida con objetivos honestos y empíricos.

Por último, la principal conclusión es de carácter crítico. Cuando un dato circula y repite por internet como un meme, es importante aplicar el sentido crítico, y esperar a que sucesivos estudios apliquen el análisis de pares con el que tratar de falsar sus conclusiones. Solo con datos y estadísticas rigurosas, y no con mitos, memes y narrativas aparentemente lógicas, se pueden encontrar soluciones parciales o totales a problemas reales de nuestras sociedades, y por tanto, aplicar políticas públicas efectivas basadas en la evidencia. Y es evidente que las políticas públicas deben ir apuntadas al creciente problema de polarización salarial entre los propios trabajadores, y no a supuestas conspiraciones ideológicas internacionales.