En artículos anteriores se abordó uno de los mitos economicos más propagados hoy en día, como es la supuesta divergencia que se ha producido entre productividad y salarios desde finales de los años 70, es decir, entre trabajadores y capital. De acuerdo a la narrativa popular desde determinados sectores económicos y políticos, la causa de esta supuesta divergencia tendría una causa clara y evidente: las políticas económicas adhoc adoptadas desde Estados Unidos y Reino Unido de debilitamiento sistemático del trabajo frente al capital. Frente a esta narrativa que correlaciona fechas y acontecimientos, el conocimiento científico ha ido aportando estudios, datos y estadísticas que comienzan a dar luz sobre esta supuesta visión.

Como suele suceder con este tipo de narrativas, sencillas y fáciles de comprender, los datos, la ciencia y la evidencia ponen de manifiesto que este tipo de argumentaciones pertenecen al mundo de las ideas, y no al mundo de la realidad, al mundo de la verdadera causalidad. Al igual que ha sucedido con este supuesto desacoplo, estudios académicos comienzan a proporcionar luz y evidencia sobre otro mito de características similares, como es el supuesto desacoplo entre la renta per cápita y renta mediana de los países de la OCDE.

De nuevo desde finales de los 70, se está produciendo un supuesto desacople y divergencia entre la renta per cápita y la renta mediana de los países de la OCDE, y en especial, de Estados Unidos. La renta per cápita podría resumirse como el cociente entre toda la producción de un país y el número de habitantes. Podría decirse que es un indicador cuantitativo de cómo evoluciona y se reparte igualitariamente el crecimiento económico de un país. La renta mediana podría decirse que es un indicador mucho más cualitativo, ya que indica cual es la renta del ciudadano que se encuentra en la mitad de la distribución de asalariados de un país.

A modo de ejemplo, si se considera una sociedad que está constituida por tres personas, y con rentas de 1€, 2€ y 9€ respectivamente, el PIB de esta sociedad es 12€, la renta per cápita 4€ (12/3), y la renta mediana 2€. Como las rentas de una sociedad no están distribuidas igualitariamente entre todos sus miembros, la renta per cápita siempre es superior a la renta mediana, por lo que es evidente que no puede ser utilizado como un indicador cualitativo. ¿Y cual es la representación del supuesto desacople? el que se representa a continuación.




De acuerdo a Joseph Stiglizt, profesor de la universida de Columbia, y premio nobel de economía en 2001, esta divergencia estaría provocada fundamentalmente por el incremento de la desigualdad que acontece en nuestras sociedades modernas. Cada vez más producción no va a recompensar rentas salariales de la clase media, sino a las rentas más altas y ganancias empresariales, por lo que la métrica de renta per cápita (o PIB) cada vez contendría menos información de calidad con respecto a qué pasa con las clases medias, como muy bien apunta en esta entrevista del New YorK Times:


"[..] los americanos hubieran tenido un cuadro mucho más claro de nuestro progreso a lo largo de la pasada década si nos hubiéramos centrado en la renta mediana en lugar del PIB per cápita, el cual está distorsionado por los asalariados top de la sociedad, y las rentas empresariales. Cuando la desigualdad aumenta, la media y la mediana evolucionan de manera diferente."






Neil Irving, corresponsal económico senior en la revista The New York Times, apunta en la misma dirección en uno de los artículos más importantes al respecto. De acuerdo a sus conclusiones:


" [..] Existen varias razones potenciales. La evolución tecnológica favorece a quienes están más preparados, mientras que las empresas tienden a reemplazar puestos de trabajo de clase media por máquinas. El declive de los sindicatos proporciona menos poder negociador a la hora de pactar salarios. Las normas culturales han evolucionado de tal manera que es aceptado que los CEOs y ejecutivos sean remunerados con salarios muy superiores a los que solían ser en el pasado."



Uwe E. Reinhardt, profesor de política económica en la universidad de Princeton, también hace referencia a este fenómeno en otro artículo en The New York Times, y que Mark Thoma, importante macroeconomista de la universidad de Oregón, también hace referencia en cbsnews:


"[..] En otras palabras, si uno separa el top 1% de ciudadanos que quienes obtienen más renta, y se centra en el 99% restante, quienes se encuentran en la mediana de este porcentaje restante no deberían sentirse impresionados con respecto al crecimiento económico [renta per cápita] de Estados Unidos. [..] Puede ayudar a explicar por qué el votante medio americano, concepto usado en literatura de política económica, parece tan enfadado actualmente [..]"



Como último ejemplo de múltiples al respecto, se propone a David Stockman, ex director de la oficina presupuestaria durante la presidencia de Ronald Reagan, y autor del best seller del New York Times La Gran Deformación, en uno de sus artículos relacionando ambas magnitudes y el supuesto desacople:


"[..] Mientras el crecimiento del PIB per cápita aumenta significativamente, poco de este crecimiento está representado en el crecimiento de las rentas familiares."



Como ya ocurría en el caso de desacople entre productividad y salarios, no solo se está dando crecibilidad a esta comparación de magnitudes, sino que se estaría concluyendo que el PIB (o la renta per cápita) ya no sería un buen indicador de cómo evolucionan las clases medias con respecto a la economía en general, como evidencia tan notable divergencia. Pero ¿es cierto este desacople? ¿realmente esta diferencia es únicamente como consecuencia del aumento de la desigualdad? ¿por problemas culturales? ¿sindicales? ¿se está buscando fenómenos con los datos correctos?

Nuevos estudios empíricos como los realizados por Brian Nolan, Max Roser, y Stefan Thewissen comienzan a dar luz sobre esta divergencia, analizando los factores que contribuyen a la misma a lo largo de 27 países de la OCDE. El estudio encuentra evidencia que, aunque el PIB per cápita ha crecido más rápido que la renta mediana de las familias en la mayoría de los países de la OCDE, se distinguen varios factores que contribuyen a esta divergencia más allá de la desigualdad:

  1. Ajuste de precios: para ajustar por inflación, El PIB per cápita utiliza el deflactor del PIB, mientras que la renta mediana de familias, el IPC. Es decir, se ajustan con dos metodologías diferentes para medir la inflación.

  2. Cuentas nacionales: el PIB per cápita captura la renta total que se genera en una sociedad (rentas del trabajo, rentas del capital, rentas imputadas, intereses, etc.), mientras que las encuestas de rentas medianas solo las rentas capturadas por las familias de ese mismo país.

  3. Origen de los datos: el PIB per cápita proviene de las estadísticas de contabilidad nacional, mientras que la renta mediana es una encuesta periódica que se realiza a las familias.

  4. Tamaño de la unidad familiar: el PIB per cápita es una medición que presupone redistribución igualitaria entre todos los habitantes de un país (es el cociente entre el PIB y ciudadanos), mientras que las encuestas de rentas medianas corrigen por tamaño de unidad familiar.

  5. Desigualdad: a medida que crece la desigualdad salarial, y aumenta la captura de la parte de la tarta de rentas salariales por parte de una minoría, la renta mediana tiende a crecer con menos velocidad.

Una vez se corrigen por estos cinco factores, el resultado es el mostrado en la siguiente figura para el caso de Estados Unidos, país de referencia para este tipo de estudios. Como se puede observar, de los 1.27 puntos de divergencia media entre renta per cápita y rentas medias en el período 1979-2013, la desigualdad solo explica el 24% de esta divergencia, siendo el 76% restante consecuencia de los otros cuatro factores.




Para otros países como Alemania, la desigualdad explica el 8%, Australia el 38%, el 29% para Canadá, el 160% para UK y el -11% para Francia. De acuerdo a las conclusiones de este mismo estudio, el factor dominante que puede explicar esta divergencia, es la corrección por tamaño de unidad familiar, que provoca de media el 45% de la diferencia en esta estadística.




Las conclusiones a partir de este estudio son evidentes. Por un lado, sí es cierto que históricamente se ha producido una divergencia entre la renta per cápita de un país, y la renta mediana de sus familias. Por otro, esta divergencia ha sido diferente tanto entre países entre sí, como a lo largo del período de estudio en cada uno de estos mismos países. O dicho de otra manera, sí podría ser cierto que el PIB per cápita no es un indicador cualitativo de cómo evolucionan las familias que están en la mitad (clase media) de la distribución de salarios de un país, ya que la primera magnitud incluye muchas más información que la incluida en rentas familiares.

Sin embargo, aunque la desigualdad suele mencionarse frecuentemente como razón principal por la que el PIB per cápita ya no es una métrica cualitativa de cómo evolucionan las familias medias de un país, a la luz del presente estudio esta variable no aporta una contribución ni importante ni decisiva a la hora de explicar este fenómeno. O dicho de otra manera, aunque el PIB per cápita ha crecido con mucha más rapidez que las rentas medianas de las familias, no significa que sea un fenómeno consecuencia única y exclusivamente de una creciente captura de la tarta de rentas por parte de empresas y el grupo de asalariados top de una sociedad, como apunta Joseph Stiglizt, sino principalmente como consecuencia de estar comparando magnitudes distintas, es decir, de estar comparando peras con manzanas.

El objetivo del artículo no es desacreditar o poner de manifiesto los errores de determinados análisis económicos, sino aportar otro elemento más que sostiene que, ante narrativas aparentemente coherentes y fáciles de entender, la economía es una ciencia social que está en constante evolución, donde los nuevos datos aportan más luz a fenómenos hasta ahora oscuros y sin explicaciones claras. Es por tanto crucial analizar los resultados con precaución, ya que es de vital importancia a la hora de obtener un diagnóstico correcto con el que diseñar políticas públicas que aumenten su probabilidad de éxito.

NOTA: para una mejor comprensión de las causas de las desigualdad, leer este artículo anterior.