Muy agradecido y honrado por la palabras, así como por la recomendación de lectura, a Rafael Domenech, director jefe del departamento de macroeconomía del instituto de investigación de BBVA.







Como ya se apuntó anteriormente, una de las características de la ciencia es que está en constante revisión de sí misma, lo que permite seguir investigando y encontrar nueva evidencia y causalidades que expliquen y amplien la explicación a los fenómenos.

La supuesta caída de las rentas salariales [1] se basan en cálculos realizados sobre datos de contabilidad nacional, y ha sido uno de los fenómenos más utilizados a la hora de describir el supuesto avance del capital sobre el trabajo por imposición de políticas públicas adhoc. Sin embargo ha sido hasta hace muy poco que se está empezando a usar lupa y compás sobre estas magnitudes, y en concreto, en cómo se reparte la tarta de la riqueza las variables trabajo y capital.




El principal problema en las mediciones realizadas hasta la fecha era en cómo se estaba midiendo la rúbrica "capital". En términos de contabilidad nacional, la interpretación de este concepto es ligeramente diferente a la percepción popular. Tal y como se vió en artículos anteriores, mientras la rúbrica "rentas del trabajo" es relativamente transparente, la rúbrica "rentas del capital" es un cajón de sastre, compuesto de multitud de sub componentes que deben ser correctamente interpretadas.

En Enero de 2017 Taehyoung Cho, Soobin Hwang, y Paul Schreyer [2] vuelven a analizar este supuesto declive histórico de las rentas salariales, obteniendo dos conclusiones muy relevantes. La primera es que la participación del factor trabajo en relación al PIB para los 22 países del estudio varían notablemente en función de qué consideremos qué son las rentas de los autónomos. Si no se incluyen como rentas salariales (caso LSD1), estas capturan en torno al 56% de media entre 1995-2014. Pero si se incluyen como trabajadores que obtienen rentas salariales fruto de un trabajo (casos LSD2 a LSD5), se dispararía hasta cifras cercanas al 70% PIB.

Su segunda conclusión es que apenas existe un descenso de las rentas salariales en terminos de contabilidad nacional cuando se miden en términos netos, tanto desde la perspectiva de rentas como de producción. Para la primera, el declive más pronunciado a lo largo de todo el periodo 1995-2014 es para el caso LDS3 con apenas -1,54 puntos porcentuales (tabla 1). Para el segundo caso, la OCDE encuentra una caída estadísticamente significativa de -2,64 puntos porcentuales, pero que en términos prácticos puede considerarse una caída muy contenida comparativamente hablando.




La explicación por la que Taehyoung Cho et al. no encuentra una caída histórica de las rentas salariales, y que está en línea con la tesis formulada por Benjamin Bridgman [5], es que a la rúbrica de capital bruta se le debe descontar la subpartida denominada "depreciación de capital" ("consumo de capital fijo" en contabilidad nacional), es decir, no medirla como hasta ahora en términos brutos, sino en términos netos.

Desde 1980 los activos que componen "el capital" se deprecian a ritmos de obsolescencia programada (sobre todo, a partir de la revisión de contabilidad nacional de 2008 que incluye I+D o acciones en capital), y la sociedad en general requiere cada vez de mayor reinversión para mantener su capacidad de producción constante. Es decir, los costos de mantenimiento del capital de una empresa (fábricas, máquinas, software, fotocopiadoras, etc.) es cada vez mayor. Sin embargo esta partida, en términos reales, no es una rúbrica física, como puede ser "capital" en forma de vivienda, tierras, maquinaria o dividendos (beneficios empresariales), sino una rúbrica conceptual que representa cuánto valor gana o pierden los activos de capital.




Otra bibliografía extraordinaria, contrastada, y replicada a nivel internacional, es la aportada en 2015 por Matthew Rognlie [3]. Al igual que Taehyoung Cho et al., encuentra una evidencia muy importante gracias a medir las "rentas del capital" en términos netos (descontando "depreciación de capital"), y descomponiendola en cuatro sub partidas que representarían el capital físico (equipamiento, vivienda, tierras y estructuras). Y su conclusión es que el aumento de la participación de las "rentas del capital" en la tarta total es consecuencia del aumento de la subcomponente vivienda (residencial y no residencial), es decir, por la explosión del ritmo de propiedad para hogares y familias que experimentan todos los países del mundo. Como se ve a continuación, si a las rentas del capital netas se les descuenta la componente "housing" (líneas discontinuas), decrece su participación desde 1950.




Finalmente Dongya Koh et al. [4] también investigan para los últimos 65 años esta supuesta caída mundial de las rentas salariales, pero esta vez aumentando el zoom sobre la sub partida "depreciación de capital" ya analizada anteriormente. Su análisis encuentra que el factor principal que hace que aumente esta componente, y por tanto, aumente el area de la tarta que absorbe las "rentas del capital", es la inversión en productos de propiedad intelectual (IPP).

En las últimas décadas se está produciendo un nuevo fenómeno, y es que la inversión en Software e I+D ha aumentado de manera espectacular como consecuencia de haber aumentado también la obsolescencia de estos mismos "bienes de capital". Como se puede observar a continuación, si se mide la participación de las rentas salariales descontando la componente IPP (línea naranja), estas no presentan una caída secular como la medición tradicional (línea azul). De nuevo, que una partida como IPP haya pasado de un tiempo a esta parte a contabilizar como inversión en lugar de gasto corriente, y por tanto, computar como "renta del capital", no puede ser pasado por alto a la hora de estudiar este supuesto fenómeno secular.




De entre todas las posibles, estos resultados sugieren algunas conclusiones. En primer lugar, la precaución en la construcción de narrativas populares en torno a resultados que están en constante revisión e investigación, puesto que estas narrativas pueden desencadenar diagnósticos equivocados que terminen en diseño de políticas públicas basadas en fenómenos inexistentes.

En segundo lugar, las investigaciones más actuales, como mínimo, invitan a dudar de esta supuesto decrecimiento secular, de una fagocitación de las "rentas del capital" sobre el trabajo. Que en las sociedades modernas cada vez más hogares y familias tengan vivienda en propiedad, o que las empresas tengan que reinvertir cada vez más en propiedad intelectual, no puede interpretarse como pérdida internacional de poder del factor trabajo sobre el capital.

O dicho de otra manera, que disminuya el porcentaje de la tarta que va a parar a las rentas del trabajo, no es condición necesaria y suficiente para afirmar que se está produciendo un trasvase de rentas desde el "factor trabajo" hacia "el capital", como si se estuviera hablando de dos clases independientes, homogéneas y contrapuestas, ya que en la contabilidad de la segunda, por ejemplo, se incluyen rúbricas como vivienda residencial de hogares y familias, o reinversión en activos de capital que aumentan la productividad de los trabajadores, y por ende, de sus salarios a largo plazo.

Por último, todos estos resultados sugieren que el problema no se estaría produciendo en cómo se reparten rentas entre trabajo y capital, sino en otras areas de la distribución, como es la distribución de las rentas del trabajo entre los propios trabajadores, tesis en línea con fenómenos analizados en artículos anteriores. Es por ello que es fundamental realizar diagnósticos cualitativos con los que construir políticas públicas de éxito, basadas en la evidencia, y no en narrativas, mitos y memes populares.


Bibliografía: