El preacuerdo que ha alcanzado el gobierno con sus socios acerca de la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), hasta 900 euros al mes ha provocado diversas reacciones entre el resto de partidos políticos, agentes sociales y otros colectivos, así como en la sociedad en general.

La subida del SMI no sólo responde a una mejora de la economía y a la respuesta a diversas demandas de la sociedad, sino que también sirve para cumplir en parte la Carta Social Europea, que establece que el SMI de los estados que pertenecen a la Unión Europea debería ser de, al menos, el 60% del salario medio. Sin embargo, para alcanzar ese 60%, el SMI debería llegar a 1.126 euros al mes, con lo cual aún se va a quedar bastante alejado de esta cifra.

Pero, más allá de los comentarios y de la mayor o menor aceptación que ha recibido la medida, lo cierto es que la subida del SMI tiene diversos efectos sobre la economía. Algunos expertos apuntan que no son excesivos, debido a que el salario mínimo no afecta a tantas personas (no hay tantos trabajadores que lo cobren). Mientras otros señalan que sus efectos no sólo atañen a los que cobran el mínimo legal, sino que tiene implicaciones mucho mayores sobre el resto de la economía. En los próximos artículos se tratará de responder a algunas de las cuestiones y afirmaciones más importantes.

Empezando por una de ellas, algunos expertos argumentan que el incremento del SMI afectará a otras variables que no sean solo empleabilidad. El argumento es muy simple: al incrementarse los sueldos y salarios, subirán las recaudaciones por cotizaciones a la Seguridad Social, por IRPF e IVA por aumentar el consumo.

Además, este incremento del consumo dinamiza la economía, lo cual puede redundar en un círculo virtuoso, que favorezca el crecimiento (al incrementarse el consumo, las empresas van mejor, contratan más, sube más el consumo, etcétera). La subida de los salarios más bajos, los que más propensión marginal al consumo tienen, ayudará a reforzar la demanda de las empresas, y por tanto, favorecer la economía circular.

Aunque el argumento puede parecer razonable y de sentido común, como siempre suele ocurrir con este tipo de afirmaciones, no solo no se acompaña de análisis que sustenten tales afirmaciones, sino que son incapaces de responder a simples reducciones al absurdo. Es por ello que nada mejor que acudir a documentos de máxima credibilidad como los realizados por el Banco de España [1] para encontrar respuestas a esta narrativa y pensamiento popular.

En el siguiente recuadro se analizan los posibles efectos que las subidas pueden llegar a tener sobre el empleo y la estructura salarial en España. Su escenario de estudios no solo es el que el Gobierno aprobó en 2017 con la subida del 8 %, y por el cual el SMI pasó de 655,2€ mensuales a 707,6€ (14 pagas prorrateadas). También se basa en los escenarios de 22 de noviembre de 2016 en el que el Congreso de los Diputados aprobó una proposición de ley para incrementar el SMI de forma escalonada con el objetivo de alcanzar 800 euros mensuales el 1 de enero de 2018, y 950 euros mensuales el 1 de enero de 2020.




Como se puede observar, el efecto sobre las remuneraciones salariales totales en el escenario donde se alcanzan los 950€ mensuales, apenas alcanzaría un +0,25%. De acuerdo a los datos de Contabilidad Nacional [2], la parte de PIB destinada a remuneraciones salariales alcanzó los 550.272 millones de € en 2017, por lo que el efecto de la subida del SMI crearía una remuneración extra en el sistema de 1.375 millones de €.

También de acuerdo a los datos de Contabilidad Nacional, el Consumo final de Hogares (C) en 2018 alcanzó los 685 mil millones de €, por lo que aunque las familias consumieran toda esa renta y no ahorraran nada, y sin menospreciar el valor de esta cifra, es díficil afirmar que 1.375 millones de € serían relevantes a la hora de dinamizar a toda una economía de un PIB de más de 1,2 billones de € en 2017.