Muy agradecido a Daniel Lacalle por recomendar la lectura de este artículo en su blog :-)





Existe una percepción general entre ciudadanos, economistas y medios de comunicación, en que todos aquellos países que forman parte del grupo denominado nórdicos (Dinamarca, Islandia, Suecia, Finlandia, y Noruega, aunque normalmente también se incluye países no "nórdicos" como Holanda) son quienes más invierten en gasto público (y privado) social del mundo (el denominado estado del bienestar), a mucha diferencia de otros países "menos sociales" como España. La narrativa, percepción y sabiduría popular entiende que nuestro país invierte poco en gasto público social, se encuentra a la cola de Europa y la OCDE (países más industrializados del mundo) en presión fiscal dedicado a redistribución entre los más desfavorecidos, y que nuestro modelo de bienestar es escaso, regresivo y extremadamente poco solidario comparado con los nórdicos.

Sin embargo, en multitud de ocasiones, las percepciones y la realidad no suelen ir de la mano, siendo las primeras el caldo de cultivo perfecto para la construcción de mitos y memes. Gracias al último estudio de la OCDE en 2014 denominado "Social spending is falling in some countries, but in many others it remains at historically high levels", se puede comprobar con mucha más precisión como provisionan los países de la OCDE el gasto público social, y comprobar si la percepción y la realidad coinciden.

Antes de analizar las gráficas, es interesante explicar que las estadísticas se refieren a cifras en neto, es decir, cifras después de impuestos, teniendo en cuenta la redistribución fiscal, excenciones en el impuesto de la renta, o deducciones, y en el que se contabilizan las siguientes partidas: pensiones públicas, beneficios por incapacidad (parcial o permanente), seguro público sanitario, rentas de reinserción, ayudas a las familias, programas de empleo activo, seguro público por desempleo, vivienda pública, y otras partidas en política social gubernamental. Se puede decir que es uno de los estudios más importantes y ambiciosos en la actualidad sobre gasto público social entre los 34 países de la OCDE.

En la primera gráfica se puede comprobar cual fue el gasto público social neto final (barras en azul) en 2014 como porcentaje del PIB (es decir, la capacidad teórica de un país para generar riqueza en un año). Como se puede observar, España está en la octava posición de los 34 países de la OCDE más ricos del mundo, con un gasto público social en 2014 de 26.8% PIB (aproximadamente 270.000 millones de euros), por delante de países con mayor renta per cápita y prosperidad, como Alemania (25.8%), Holanda (24.7%), Japón (23.1% en 2011), Noruega (22.9%), Suiza (19.4%), Australia (19%), Canadá (17%), o Islandia (16.5%), y apenas a 1.3 puntos de Suecia (28.1%).


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En la segunda gráfica (con datos para 2011) se presenta el dato más importante de este estudio: gasto público social monetario (cash), es decir, transferencias en pensiones, desempleo, bajas por enfermedad, ayudas a familias con bajos recursos, rentas de reinserción, ayudas a familias con hijos, etc. Es decir, gasto que sí se puede discriminar por tipo ciudadano (el gasto social en servicios, como el sanitario, no puede discriminar por renta). Las barras azules indican el gasto público monetario en el 20% de ciudadanos con menor renta para cada país (los percentiles P10 y P20, o los más "pobres"), y los rombos rojos el gasto público en el 20% de mayor renta para cada país (los más "ricos").

En Australia, que está situada en la primera posición, el 40% del total de este gasto se concentra en el bottom 20% (es decir, entre el 20% de ciudadanos con menor renta), mientras que para el top20% (el 20% más rico), solo se destina el 2-4% del gasto total. Por el contrario, en países como México, Portugal o España, la relación es totalmente inversa: 10/60 para México (el 20% de personas más pobres, solo recibe el 10% del gasto público social total, mientras que el 20% más rico, el 60%), 10/40 para Portugal, y 10/25 para España. O dicho de otra manera, en España, a diferencia de Australia o Noruega, no se reparte con equidad, ya que quienes más aportan para la redistribución, son quienes más reciben, cuando ese no es el objetivo de la redistribución. ¿Está España preparada para comunicar a quienes más aportan al sistema, que deben ser quienes menos reciban proporcionalmente?


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A continuación, en la siguiente gráfica se presenta información que puede sorprender notablemente, ya que proporciona datos que, a priori, no son compatibles con la sabiduría popular. Las barras azul oscuro indican gasto público social bruto (por ejemplo, plan de pensión público sin aplicar transferencias fiscales), las azul claro el gasto privado bruto (por ejemplo, planes de pensiones privados), y finalmente los rombos rojos el neto, es decir, la cifra final descontando el efecto de los impuestos y transferencias. Como se puede observar, los países están ordenadores de mayor a menor gasto neto total, apareciendo en segundo lugar Estados Unidos, con un gasto social total (público + privado) de casi el 30% PIB, y Reino Unido en quinto lugar con un un 26% PIB. En este indicador, España solo retrocede 2 puestos hasta el décimo lugar de treinta y tres, por delante de países como Suecia, Austria, Finlandia, Canada, o Noruega.



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Sin embargo ¿de qué sirve saber cuánto (gráficas 1 y 3: porcentaje del PIB) y cómo (gráfica 2: regresividad) se redistribuye en gasto social, si no se sabe ni se estudian los objetivos que se quieren alcanzar? uno de los más importantes para saber si el gasto social se está aplicando correctamente o no, es el concepto de pobreza relativa, es decir, cuantos ciudadanos tienen una renta inferior al 60% de la mediana de un país. Este indicador tiene un nombre que crea confusión, ya que mide principalmente desigualdad o riesgo de exclusión, concepto totalmente diferente al de pobreza, y que ha sido fuente de profunda confusión y creación de otro mito moderno que se explicará en próximos artículos. Aún así, es uno de los indicadores más importantes hoy en día a la hora de evaluar políticas de redistribución, por lo que es incuestionable el que se deba utilizar. A la vista del gráfico (fuente: Rising inequality: youth and poor fall further behind, OCDE 2014), se pueden observar países como Islandia, República Checa, Dinamarca o Finlandia, cuya población por debajo del umbral de pobreza relativa es de apenas 5-6%, son todo un éxito en comparación con los últimos puestos de la clasficación (20% en México). España se encuentra situada en el puesto número 26 de 33 países de la OCDE.



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Las conclusiones son evidentes. La primera es la relacionada con el mito de que en España se encuentra atrasada en gasto público social, a todas luces evidentemente falso. España está entre quienes más gastan, superior a países con mayor renta per cápita, mayor renta mediana, mayor prosperidad de las naciones, como Australia, Canadá, Japón, Suiza, Alemania o Noruega. Si se quiere realizar una comparación antes del ciclo económico (antes de la crisis 2008) para evitar posibles distorsiones por los estabilizadores automáticos (por ejemplo, aumento del gasto por desempleo), nuestro país ya ocupaba la novena posición. En gasto social total (público + privado), España se encuentra en la posición número 10 de 33.

La segunda conclusión es que no todos los países nórdicos son quienes más invierten en gasto público social. Noruega está en el puesto 17, e Islandia en el 28 de 34 países.

La tercera conclusión es que sí, el sistema redistributivo español es regresivo, es decir, se redistribuye mal, a la vista de su posición número 26 en desigualdad.

Con la cuarta conclusión, se falsa el mito de que los países nórdicos son los máximos exponentes en la redistribución del mundo. A la vista de los datos, era poco intuitivo saber que existían países que redistribuyen, como mínimo, igual que ellos, como Australia, Canadá o Inglaterra.

En la quinta posición, no es concluyente que más gasto público social es causa necesaria y suficiente para tener menor nivel de pobreza relativa, aunque sí existe evidencia de que los países que más gastan, y que lo hacen mejor (menos regresivos), son quienes copan mayoritariamente las mejores posiciones en riesgo de exclusión (pobreza relativa). De acuerdo a las estadísticas para 2011, Islandia y Chequia, que ocupan la primera y segunda posición con apenas un 5-6% de la población bajo el umbral de pobreza relativa, se encuentran en las posiciones 27º (17% PIB) y 21º (20% PIB) en gasto público social, muy lejos de cifras como Finlandia y Dinamarca, situados en las posiciones 3º y 4º en menor desigualdad, pero con más del 30% PIB en gasto público social.

Finalmente en la séxta y última conclusión, también es interesante realizar una observación con respecto a Estados Unidos, y el mito de su escasa aportación al gasto social. En términos nominales (no en porcentaje sobre el PIB, sino en dólares brutos), Estados Unidos es el país que más gasto público destina con diferencia de todos los países de la OCDE (y probablemente del mundo), con 3.2 billones de $, más de 3 veces el PIB de España, o casi todo el PIB de Alemania (3,7 billones de $ en 2013). También es interesante destacar que su regresividad (redistribución que no favorece a quien más lo necesita) es la misma que Finlandia, o incluso más progresivo que Francia o Alemania. Y si se contabiliza el gasto social total (público + privado), Estados Unidos se encuentra en la segunda posición de los 33 países más avanzados del mundo.

¿En qué partidas redistribuyen mejor los países con menor pobreza relativa? En este estudio de la OCDE, las partidas más importantes son gasto público en sanidad, desempleo y pensiones. Evidentemente en sanidad no se puede discriminar entre ciudadanos (no se puede denegar atención sanitaria a un ciudadano que está en el top20%), por lo que la mayor capacidad de redistribución, sin datos que lo sustenten por el momento, se debe estar produciendo probablemente en partidas como el seguro por desempleo público, o pensión de jubilación pública, es decir, los países con menos pobreza relativa redistrubuyen mucho menos entre quienes más han aportado a lo largo de su vida laboral para el sostenimiento del sistema (el 20% de la población con más renta).

Como en mitos anteriores, el objetivo de este artículo no es afirmar o negar que se debe tener un gasto público social superior o inferior al existente, sino aplicar el sentido crítico con datos oficiales sobre lo que ocurre en España con respecto a los países más avanzados del mundo. A la vista de las estadísticas, ni España gasta poco en comparación con los países más prósperos, ni los países nórdicos son quienes más gastan. Sí estamos a la cola en regresividad (causa más que probable de nuestros problemas en los indicadores de pobreza relativa), pero no es concluyente que tener más gasto público social sea directamente proporcional a menor pobreza relativa.

NOTA: Se puede argumentar que el dato importante sería el gasto por ciudadano a precios actuales y en dólares constantes PPS (es la manera más exacta de poder comparar países entre sí sin distorsiones de tipos de cambio o nivel de vida), pero existe un problema y una objeción: el problema es que todavía no se proporciona este dato para este estudio en concreto. La objeción es que aun teniendo el dato, no sería concluyente, ya que el gasto social no se reparte equitativamente entre toda la población (por ejemplo, el gasto en desempleo solo entre quienes están desempleados, las transferencias de renta solo a los percentiles más bajos, o las rentas mínimas de reinserción a quienes no tienen ingresos).


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