En artículos anteriores (aquí y aquí) comenzó la serie dedicada al mito de las rentas empresariales y las rentas salariales. El primer y segundo capítulo sirvieron para establecer la hipótesis de partida y datos que falsan esta idea desde el punto de vista de la rentabilidad. En el tercer y último capítulo se presenta la definición y metodología sobre el que se fundamenta y propaga el meme en términos de contabilidad nacional (con respecto al PIB del país, y no como rentabilidad media de una empresa), y que hace concluir a políticos, periodistas y ciudadanos en general, que las rentas empresariales copan casi la mitad de la tarta de la riqueza de un país, condenando a los salarios a una progresiva disminución histórica irreversible.

La controversia se produce principalmente no solo porque se compara rentas salariales (realmente se denomina "remuneración de los asalariados", e incluye también las cotizaciones a la Seguridad Social y pagos en especie) con excedente bruto de explotación y rentas mixtas (también llamado rentas mixtas brutas o rentas brutas del capital), sino porque se establece que esta último es un sinónimo de beneficios empresariales, a todas luces un error de primera magnitud. O dicho de otra manera, se está comparando un dato neto final, como son los salarios, con un dato que es bruto, sin descontar partidas que no tienen nada que ver con lo que se intuye como beneficios reales de un empresario. Para volver a tener el contexto, se repite el mismo gráfico del primer artículo:



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El excedente bruto de explotación y rentas mixtas EBE (en el gráfico anterior "Rentas empresariales") es una de las múltiples definiciones oficiales de rentas de capital que existen, y se comporta como un cajón de sastre en el que se incluyen multitud de partidas, como por ejemplo, beneficios de empresas públicas, consumo de capital fijo (también denominado amortización o depreciación, que es el valor que pierden las "máquinas" por sufrir desgaste en los procesos productivos), rentas mixtas de los autónomos (aunque no se sabe muy bien si las rentas de los autónomos deben ser considerados salario o beneficio empresarial, se incluye como renta del capital), o rentas inmobiliarias imputadas (las viviendas en propiedad, a efectos estadísticos, se les imputa una renta "virtual" como si estuvieran alquiladas, siendo por tanto otra fuente de renta del capital), por citar varios ejemplos.

Una vez se restan todos estos componentes, obtenemos otra definición de rentas del capital que se denomina rentas netas empresariales. Sin embargo aquí no terminan todos los conceptos, ya que a continuación se deben restar partidas como el desapalancamiento (parte de los beneficios se destinan a devolver deudas pasadas), inversión (las empresas requieren renovar equipamiento por obsolescencia, expansión para crear nuevos productos, modernización, etc.), o impuestos sobre los beneficios (saldo con el sector público). Cuando se deducen todas estas partidas, se obtienen los dividendos, que sí se pueden considerar beneficios empresariales finales, ya que es la via de remuneración legal que tiene el propietario de una sociedad para rescatar capital mediante la declaración del IRPF. Para tener una idea de cómo funciona el rescate de beneficios por dividendos, ver un artículo anterior.

A continuación se reproduce un gráfico realizado por Daniel Fuentes Castro, doctor en economía por la Université Paris, y cuyos artículos (aquí y aquí) se recomienda leer para entender mejor cómo se descompone el concepto de "rentas del capital" en contabilidad nacional. En la gráfica se representa directamente la renta neta empresarial, que desagrega restando los conceptos de despalancamiento, inversión y saldo con el sector público (impuestos), hasta obtener los dividendos (barras gris oscuro). Como se puede observar, en los mejores tiempos de la burbuja inmobiliaria, los dividendos no sobrepasaron el 15% del VANcf, cuyo mínimo alcanzó el 72% en 2013 .



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Javier García Echegaray, economísta especialista en macroeconomía, y autor del blog claves de la economía, realiza el cálculo desagregado para empresas no financieras (sector: Non-financial corporations) con respecto a toda la producción de bienes y servicios (concretamente VAB/PIB), y para varios países de Europa en 2013 (fuente: eurostat: Non-financial transactions 2005-2014).

A la vista del gráfico se puede observar que los dividendos (en el gráfico "retribución al accionista", para eurostat "distributed income for corporations") no solo representa un porcentaje contenido con respecto a toda la tarta de la riqueza de España (50.091 millones de €, el 3,78% del VAB/PIB), sino bastante menor con respecto a otras partidas, como salarios y cotizaciones sociales (315.000 millones de €, 23,8% VAB/PIB), consumos intermedios (800.000 millones de €), o inversión. Para poder comparar, en Suecia los dividendos representaron el 10,9% VAB/PIB, y en Alemania el 9,6% VAB/PIB.



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Finalmente, para tener una perspectiva de la evolución histórica en España, se proporciona el ratio salarios/dividendos totales distribuidos utilizando los datos de eurostast para el periodo 1999-2015. Como se puede observar, ha evolucionado desde un ratio aproximado de 14x en 1999 (muy pocos beneficios empresariales), a ratios de 6x en 2014:




¿Y como se ha comportado la economía de Estados Unidos a lo largo de casi todo el siglo XX, y principios del XXI? Si acudimos a la base de datos del departamento de investigación económica de la Federal Reserve Bank of St. Louis, podemos observar el comportamiento de las rentas salariales con respecto a los dividendos de las corporaciones (CEO y accionistas) y los autónomos y no corporaciones (empresas formadas por un propietario con o sin socios). Por ejemplo, en 2014, eliminando el efecto de impuestos y subsidios a la producción (apartados 7 y 8), el PIB de Estados Unidos era de 16,3 billones de $ (a esta varible se denomina PIB a coste de los factores). De ese PIB, el 56,6% PIB correspondía con la masa salarial (los salarios de los trabajadores), y el 43,4% PIB con las "rentas empresariales". Como se puede observar, si no se realiza ningún otro cálculo, esta sería la manera tradicional de comparar el "reparto de la riqueza" por parte de los medios de comunicación. Pero aplicando la misma metodología anterior (restando componentes a este dato en bruto), se obtiene que los dividendos de las corporaciones representaron el 6,8% PIB (apartado 17 - 1,103.2 billones de $), y los autónomos y no corporaciones el 8,5% PIB (apartado 13 - 1,380.2 billones de $).

Para representar la información de manera gráfica, se proporcionan las estadísticas de la base de datos FRED. En la primera se proporciona la evolución de la compensación salarial en el período 1950-2013. La compensación salarial es el indicador más cualitativo de la evolución de las rentas salariales, ya que no solo incluye estas, sino todo aquello que es retribución salarial, pero no se contabiliza técnicamente en las estadísticas como "salario" (wages), como son las aportaciones a pensiones públicas y privadas, seguros médicos, retribución salarial variable y/o por objetivos, etc. (para más información sobre este tema, leer este otro artículo). El segundo gráfico se proporcionan las rentas empresariales (dividendos) después de impuestos para el mismo período (sin ajustar por IVA y CCAdj). A la vista de los datos se puede observar que los "salarios" permanecen desde 1950 por encima del 50% PIB (es decir, son más de la mitad de toda la economía), mientras las rentas empresariales han permanecido acotadas por debajo del 10% PIB, y con casos paradigmáticos como el período 1980-2000, por debajo del 5% PIB.




Para tener una perspectiva de la evolución histórica de salarios de los trabajadores (línea azul) y dividendos de los empresarios y autónomos (líneas roja y verde), se presenta el siguiente gráfico en nominal, es decir, no en porcentaje con respecto al PIB, sino su crecimiento en billones internacionales de dólares:



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Sin embargo de un tiempo a esta parte, el mundo está experimentado un comportamiento que es interesante mencionar. Si se realiza un cálculo sencillo de la tasa de crecimiento medio de las rentas salariales, rentas brutas del capital y dividendos en Estados Unidos desde 1950, efectivamente se puede comprobar que se está consolidando un patrón a partir de 1975: aun cuando las rentas salariales siguen siendo notablemente superiores y crecientes desde el punto de vista nominal (es decir, crece en billones de $ año trás año como se puede ver en la gráfica 4), sí que su tasa de crecimiento con respecto al PIB ha sido inferior al capital (es decir, el capital crece más rápido que los salarios desde el punto de vista de la riqueza o PIB del país).

A modo de ejemplo, en la siguiente gráfica (fuente: Organización Mundial del Trabajo) se presenta una comparación de la evolución histórica en las principales economías mundiales de las rentas salariales (línea verde), dividendos (línea roja) y las rentas brutas del capital (línea azul - se excluye autónomos). Se puede observar que los salarios caen 9 puntos desde un 67% PIB en 1975, a un 58% PIB en 2014, las rentas brutas del capital aumentan 6 puntos, y los dividendos crecieron en torno a 2 puntos, volviendo a porcentajes similares a 1968.



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Los trabajos academico científicos más importantes que tratan de investigar este fenómeno, se pueden encontrar en papers como los de Karabarbounis and Neiman (2014) o Piketty and Zucman (2014). El primero concluye que una posible causa de este proceso se encuentra en una caída de precios de los bienes de inversión: si el trabajo humano y el capital son intercambiables, y este último es más barato, disminuye el tamaño de la tarta para los salarios, y aumenta para el capital (se sustituyen máquinas por humanos). Por el contrario, Piketty concluye que la posible causa es un aumento de la tasa de acumulación de ahorro del capital. Un artículo resumen excepcional es Cinco críticas a Piketty, realizado por Alejandro Hidalgo, doctor en economía en la Universidad Pompeu Fabra.

Sin embargo recientemente Matthew Rognlie, miembro del MIT Department of Economics, presentó un paper denominado Deciphering the fall and rise in the net capital share, en el que proporciona una explicación muy robusta (y similar a la propuesta para España en este artículo) sobre la causa del aumento de la tasa de crecimiento de las rentas brutas del capital sobre las rentas del trabajo en las últimas décadas a nivel mundial.

En primer lugar muestra cómo el aumento de las rentas brutas del capital tienen su origen en un aumento de las depreciaciones medias de capital desde los 70 (Benjamin Bridgman, "Is Labor's Loss Capital's Gain? Gross versus Net Labor Shares"). Es decir, los costos de mantenimiento del capital de una empresa (fábricas, máquinas, software, fotocopiadoras, etc.) es cada vez mayor. El coste de este mantenimiento, además, es necesariamente creciendo en el tiempo, ya que según la tecnología avanza con mayor rapidez, los medios de producción existentes tienen que ser reemplazados más a menudo.

En segundo lugar demuestra que, como se puede observar en el siguiente gráfico, el crecimiento desde mediados de los 70 de las rentas netas del capital (línea amarilla) es producto del aumento de los precios del sector inmobiliario (línea azul), ya que las rentas netas del capital descontando sector inmobiliario (línea roja), es claramente decreciente. O dicho de otro modo, desde mediados de los 70, lo que explica este fenómeno a nivel internacional son 1. el aumento de las depreciaciones para las rentas brutas del capital, y 2. las burbujas inmobiliarias para las rentas netas del capital (aumento del valor de las propiedades inmobiliarias, tierras, etc.), pero no el aumento de los beneficios de los empresarios (dividendos), cuyo crecimiento apenas alcanza valores superiores a los registros de finales de los 60.



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A partir de los datos presentados, se pueden obtener las siguientes reflexiones importantes:

En primer lugar, que un empresario destine parte de los ingresos de la empresa a reinversión (por ejemplo, para comprar más "maquinaria", o intentar nuevas ideas de negocio i+d+i), desapalancamiento (devolver deuda por adquirir esa maquinaria a crédito), o el pago de impuestos, así como computar partidas como depreciación de capital o rentas imputadas, por citar varios ejemplos, no pueden considerarse como beneficios empresariales, sino parte de la propia dinámica productiva de una empresa, ya sea esta capitalista, o comunal (una cooperativa). O dicho de otra manera, si todas las empresas del país fueran cooperativas, y no existiera la "rentabilidad del capitalista" (dividendos), las rentas brutas del capital seguirían existiendo, aun cuando en este supuesto teórico, el empresario y los dividendos no existen.

En segundo lugar, no es directo concluir que un aumento del excedente bruto de explotación/rentas brutas del capital (que es el dato que se utiliza por los medios de comunicación) implica un aumento de los dividendos (beneficios empresariales). A la vista de la segunda gráfica, se puede observar que la causa fundamental de este acontecimiento a partir de 2012 en España fué el aumento de la partida destinada a devolver deuda pasada (desapalancamiento), eso sí, a costa también de disminuir tanto los dividendos, como la renta salarial (como consecuencia de aumentar el desempleo).

En tercer lugar, si se quiere tener una foto más fiel a la realidad de cuáles son los beneficios de un empresario, se debe realizar con los dividendos, y no con el excedente bruto de explotación (o incluso con la renta empresarial neta), que es como se expone por parte de los medios de comunicación. A la vista de las estadísticas se puede observar que, por ejemplo, el porcentaje de la tarta de la riqueza de España que se asignó para los empresarios en forma de diviendos en 2013 un 10% utilizando la metodología de las rentas netas empresariales (cálculo de Daniel Fuentes con datos de INE), y del 3,78% en 2013 con respecto al total del VAB/PIB (cálculo de Javier García Echegaray con datos de eurostat).

En cuarto lugar, de los datos del tercer y cuárto gráfico se puede observar que para el resto de economías de Europa y Estados Unidos, los dividendos representan claramente valores inferiores, tanto a las rentas salariales, como al PIB. Por citar un ejemplo, en Estados Unidos los dividendos fueron 6 veces inferiores a los salarios en 2014.

Como última reflexión, efectivamente también en los países desarrollados se está produciendo un fenómeno o patrón común desde mediados de los 70, y es el ritmo de crecimiento superior de las rentas brutas del capital con respecto a las rentas salariales. Todavía no existe un consenso sobre sus causas a nivel internacional y global. Sin embargo algunos estudios comienzan a dar luz sobre sus posibles causas, como el aumento de las amortizaciones en economías cada vez más tecnológicas, y las burbujas inmobiliarias, sin que ello signifique un aumento de los dividendos. Sin embargo al no existir un consenso ni en la fuente de datos, ni en qué definición de capital se utiliza (por ejemplo, si se incluye o no las amortizaciones como beneficios empresariales), las discrepancias son todavía importantes entre los economistas, y este debate se ha convertido en uno de los más importantes en la última década.

Por tanto, una vez se han aportado los suficientes elementos de juicio, se puede concluir que el mito de las rentas empresariales es a todas luces diferente a cómo se nos ha comunicado históricamente a través de los medios de comunicación. Como hasta ahora, el objetivo de este artículo no es determinar, afirmar o negar si las cifras obtenidas deberían ser superiores o inferiores a las que son. El objetivo principal era investigar si la información que se nos proporciona es fiel a la realidad. Y la conclusión principal es que no se puede afirmar que las rentas empresariales tienen rentabilidades desproporcionadas con respecto al valor de una empresa, cuando la rentabilidad real media histórica de las mejores empresas del mundo ha sido del 5%. Tampoco se puede afirmar que acaparan casi la mitad de la tarta de la riqueza (PIB) de una nación, cuando los dividendos en nuestro país alcanzaron valores en 2013 del 10% con respecto al 71% de los salarios, y 3,78% con respecto al VAB/PIB (diferencias en función de la metodología aplicada), porcentajes muy lejanos a los valores del 46% que se propaga en los medios de comunicación sin el más sentido crítico, y claramente inferiores a las rentas salariales.