En 1981 Chile abandonó el modelo de pensiones públicas estatales de reparto, y lo sustituyó por uno basado en planes de pensiones de gestión privada por capitalización de regulación pública. Es decir, en lugar de ser los trabajadores actuales quienes pagan la pensión a los jubilados actuales a través de sus cotizaciones a la Seguridad Social por contingencias comunes (en España la aportación es en torno al 28% del costo total del trabajador dependiendo del tipo de contrato), es el propio trabajador quien, a lo largo de su vida laboral, ahorra su propia pensión con sus propias aportaciones mensuales.

Esta aportación consiste en la inversión de un 10% del salario de un trabajador en activos financieros a través de una red de aseguradoras privadas reguladas por el sector público del gobierno de Chile. No es por tanto un modelo completamente liberalizado, sino que existe una oferta de aseguradoras limitada y regulada por una entidad pública. Estas aseguradoras se inscriben en lo que se denomina AFP. A su vez, las AFP proporcionan 5 perfiles diferentes de acuerdo al riesgo deseado: A, B, C, D y E. El tipo A es la AFP de máxima rentabilidad y riesgo (invierte una gran porcentaje en activos de mayor volatilidad como acciones), mientras que el tipo E es la de mínima rentabilidad y riesgo (normalmente invierte en renta fija, como Letras o Bonos del Tesoro). Es por tanto evidente que la dispersión de rentas es inherente al sistema como consecuencia no solo de existir diferentes tipologías de inversión y riesgo, sino diferentes aseguradoras dentro de cada AFP (aunque proporcionan una rentabilidad similar). La cuestión es analizar si esta dispersión de rentas es compatible con el principio de equidad, es decir, si proporciona pensiones dignas a los ciudadanos incluso en el caso peor, es decir, en tiempos de crisis económicas.

¿Cuál ha sido el comportamiento del sistema de pensiones chileno ante la crisis macroeconómica de 2008? En el siguiente gráfico se proporciona la rentabilidad acumulada para cada uno de los cinco perfiles durante el período 2002-2014, que es cuando coexisten todas las AFP al mismo tiempo. Cálculo indexado a 1 en 2002, no se realizan aportaciones anuales a modo de cotizaciones sociales para evitar sesgos de capital aportado, reinversión de dividendos y cupones, CAGR real año a año corregida a inflación (deflactada por la UF), se aplica costes por comisión de gestión, pero sin impuestos. Como se puede observar, la AFP A es la que experimenta la mayor caída de todas con un -40,26% en 2008, no volviendo a recuperar y superar el nivel pre crisis de 2007 hasta mediados de 2013 (6,5 años). Aún así, es capaz de recuperar casi el 96% del patrimonio en 2010 (3,5 años). A continuación, las AFP B y C recuperan y superan el nivel pre crisis 2007 en 3,5 y 2 años respectivamente. Vuelven a caer en la siguiente recesión de 2011 (-7,70% y -4,21%), pero se vuelven a recuperar en 2013 y 2012 respectivamente. La AFP de tipo D recupera el patrimonio desde la caída de 2008 en 1,5 años, y no experimenta ninguna pérdida en 2011. Finalmente, La AFP de tipo E, como es lógico por su tipología de riesgo, experimenta una caída del -0,93% en 2008, recuperando el nivel de precios en poco menos de un año, para continuar la senda de crecimiento sostenida.



A continuación se proporciona una matriz de elaboración propia de rentabilidades geométricas acumuladas como en el capítulo anterior, con la finalidad de poder estudiar cómo se ha comportado la cartera AFP Tipo C durante el período 1981-2014, así como analizar cuantos años de rentabilidad negativa consecutivos a experimentado. A la vista de los datos, la AFP C ha tenido un comportamiento excepcional, atravesando únicamente dos momentos de rentabilidad acumulada negativa: en 1996, con tres años, y en 2008 con dos. Es importante resaltar que no estuvo afectada por la crisis punto com del año 2000, lo que implica una excelente diversificación internacional por parte de las gestoras correspondientes.




La simulación anterior sirve para comparar nivel de precios de los activos, y años necesarios para su recuperación, pero no da una perspectiva del comportamiento real de una acumulación por capitalización con aportaciones de capital periódicas. Para ello se proporciona una simulación real en la que se modela un trabajador que comienza su pensión con la AFP de tipo C. Se realiza con esta AFP ya que no solo proporciona un riesgo de tipo moderado, sino que es la única existente con una serie de datos suficientemente larga por ser la primera de la historia del sistema de capitalización chileno. Aunque la rentabilidad histórica anualizada CAGR 1981-2014 es de 8,54% real (deflactada por la Unidad de Fomento), se utiliza la CAGR efectiva real año a año con lo que así obtener resultados más fieles a la realidad. La simulación supone un ahorrador que comienza con un capital inicial de 10.000$ en 2014 (se realiza a futuro por no poder acceder a fuentes con datos nominales oficiales), y se realizan aportaciones anuales a modo de cotizaciones sociales en España de 5.000$ para un salario más frecuente (línea azul), 7.000$ para el salario mediano (línea gris), y 8.300$ para el salario medio (línea roja), cifras oficiales para España en 2014. Se considera un incremento salarial anual conservador del 1%, reinversión de capital e intereses, 34 años de cotización completos ininterrumpidos, interés compuesto, y diversificación ya implementada en la propia AFP. La simulación se proporciona con una comisión de gestión promedio anualizado en todo el período de 0,67% (dato facilitada por la Superintendencia), pero sin aplicar impuestos. Como se puede observar, se está proponiendo un escenario teórico potencial, donde se presuponen variables como que rentabilidades pasadas se repitan en el futuro, o que el trabajador cotice de manera ininterrumpida a lo largo de su vida laboral.



A la vista de los resultados de la simulación, un trabajador que comenzara un plan de pensiones por capitalización en 2014, después de 34 años acumularía un patrimonio potencial, y cumpliéndose las condiciones ideales anteriormente expuestas, de $780.727 dólares para un salario más frecuente, $1.105.317 dólares para un salario mediano, y $1.209.285 dólares para un salario medio español. Estas cantidades están calculadas a precios de 2014. La pensión por capitalización habría experimentado tres caídas importantes, de las que se recupera en 3,5 años (la históricamente correspondiente a 1996), y 2 años (2008 y 2011).

A modo de recapitulación, la evidencia empírica muestra que durante el período 2002-2014, el sistema de pensiones chileno atraviesa y supera satisfactoriamente la crisis financiera de 2008, la más grande desde la gran depresión de 1929. A la vista de los datos, el comportamiento de estas caídas de valor estuvo influenciada por el perfil de riesgo de la AFP seleccionada. Las AFP A y B, las de mayor riesgo y rentabilidad, tuvieron una recuperación de su patrimonio en 6,5 y 3,5 respectivamente, mientras que las de riesgo moderado y bajo (C, D y E), recuperan precios pre crisis 2007 en 2, 1,5 y 0,5 años respectivamente. A continuación se realiza una simulación real de un individuo que ahorra su pensión por capitalización, utilizando la rentabilidad histórica de la AFP de tipo C. La simulación se realiza con aportaciones de capital que modelan contingencias comunes para tres perfiles de ciudadano diferentes, que corresponden a un salario más frecuente, mediano y medio para España en 2014.

Los resultados son notables. El ciclo económico no provoca ninguna pérdida irreparable de valor de los activos, y las recuperaciones se obtienen en períodos relativamente breves, siendo el caso peor la AFP A, que es la de máximo riesgo y por tanto solo recomendada para aquellos individuos con horizontes de ahorro largos o con baja aversión al riesgo. Las AFP de menor riesgo cumplieron su función teórica, que es la de proporcionar baja volatilidad y riesgo, recuperándose de la gran crisis de 2008 en muy poco tiempo. Finalmente, la acumulación de capital de la pensión por capitalización es creciente y sostenida, y no solo no se ve afectada por ninguna de las últimas dos de las cinco grandes crisis del siglo xx y comienzos del xxi, sino que ofrece al finalizar el período de ahorro una pensión potencial muy superior a los sistemas de reparto tradicionales. Aún así es importante recordar que esta simulación, y por tanto, sus resultados y conclusiones, se realizan sobre rentabilidades pasadas, lo que significa que no garantizan rentabilidades futuras.



En el último capítulo, se analizará el caso de Australia