Muchas gracias a Jaume Viñas, periodista responsable sección macroeconomía y fiscalidad para el periódico CincoDías, por sus amables palabras :-).



De manera periódica, la fundación Intermon Oxfam publica un informe donde se analiza desde múltiples perspectivas el estado de la desigualdad en el mundo, como pueden ser la fiscalidad e impuestos, distribución de la renta, o distribución de la riqueza, por citar algunos ejemplos. Intermon Oxfam es una de las asociaciones sin ánimo de lucro más importantes del mundo en lucha contra la pobreza, con un campo de trabajo que se extiende a más de 90 países, por lo que gracias a su labor de ayuda a los más desfavorecidos, se ha labrado una reputación más que merecida en el mundo de las asociaciones civiles privada sin ánimo de lucro.

Una de las consecuencia de esta misma reputación es que su repercusión mediática puede provocar que, en determinadas ocasiones, datos y estadísticas difundidas en sus informes puedan ser mal interpretadas por los medios de comunicación, creando una percepción en los ciudadanos que no se corresponde con la realidad.

En concreto, de acuerdo a uno de los datos facilitados en el informe de Intermon, del total de impuestos que recauda el Estado (IRPF, IVA, Sociedades, etc.) para la ejecución de gasto en servicios públicos, como pueden ser educación, sanidad o pensiones públicas, el 84% lo pagan las familias españolas, mientras que solo el 13% proviene de las empresas. Estas cifras estarían en línea con otro de sus cálculos, en los que los hogares y familias aportarían hasta 50 veces más que las grandes empresas al erario público.

Sea como fuere, muchos son los medios de comunicación, tanto de prensa escrita como de televisión, que se hacen eco de este dato y proporcionan titulares como los publicados en ElEconomista, LaSexta, LaVanguardia, RTVE, ElMundo, o ABC, por citar algunos ejemplos.








Se podría deducir que el esfuerzo fiscal es desproporcionalmente desigual, ya que no es lo mismo la capacidad de pago que puede tener una empresa, a la que puedan los hogares y familias. Sería una injusticia social de primer orden que solo estos últimos tuvieran que sustentar con sus salarios todo el estado de bienestar de un país.

De ser supuestamente cierto este dato, se estaría viviendo en un sistema económico que no trabajaría para el 99% de ciudadanos, sino que beneficiaría al 1% dueño del capital, en un contexto en que los beneficios empresariales apenas se habrían visto afectados en comparación con las rentas salariales. Pero, ¿Es cierta esta perspectiva e interpretación? ¿es cierta esta descompensación y desequilibrio en la aportación del gasto común?


Cuánto aportan.

Los informes que elabora Intermon Oxfam (aquí y aquí) sufren de severas imprecisiones en su metodología a la hora de calcular esta desproporción en la división de esfuerzos. Se atribuye equivocadamente que el IVA y los IIEE son devengados solo exclusivamente a hogares y familias, cuando la realidad es que las empresas también aportan en ambas rúbricas. Ante la complejidad del problema, y las múltiples maneras de enforcar el análisis, para mayor simplicidad se propone comparar solo las rentas de los hogares con los beneficios empresariales, ya que las conclusiones seguirán siendo válidas ante cualquier otro escenario, y permitirá comprender el sin sentido de este tipo de comparaciones.

La Agencia Tributaria es el organismo de máxima credibilidad y solvencia a la hora de proporcionar información tributaria en nuestro país. Si se acude a su último informe de recaudación anual para 2016, se puede obtener toda la información necesaria tanto para la recaudación a hogares y familias a través del IRPF (rentas salariales obtenidas a través de un empleo, los dividendos de un fondo de inversión, los beneficios rescatados por un empresario, o las rentas obtenidas por los autónomos, por citar cuatro ejemplos), como para el Impuesto Sociedades (impuestos exclusivamente a las empresas).

Como se puede observar en el cuadro 2.1, de los 650 mil millones de € en rentas brutas de los hogares en 2015, se recaudaron por IRPF 68.188 millones de €, el 6,4% del PIB de 2015, o el 18,3% de la recaudación total del Estado.




Esta rúbrica solo reflejaría la recaudación realizada por la Agencia Tributaria a través del IRPF, pero no la recaudación para aportar rentas a pensionistas y prestaciones por desempleo que no devengan por IRPF, pero que sí se aportan a través de la Seguridad Social a través de las Cotizaciones Sociales aportadas por las empresas.

Aunque técnicamente estas rentas no son impuestos, y por tanto, no se reflejan en el informe como tal, en el presente artículo se la propone como otra rúbrica más aportada por las familias a la recaudación al Estado, ya que estas cotizaciones son aportadas indirectamente por los trabajadores a través de su factor trabajo. Es decir, a los 68.188 millones de € devengados en forma de rentenciones IRPF, habría que añadir 133.259 millones de € no retenidos, lo que aporta una aportación total al Estado de 193.811 millones de €, el 18% del PIB, o el 52% de la recaudación total.




Si se quiere desagregar el Impuesto de Sociedades para diferenciar entre las grandes empresas multinacionales (grupos consolidados) y el resto que no lo son (empresas de no grupo), se hace uso de los datos aportados en la sección de liquidación del impuesto de Sociedades (pag 43 - cuadro 3.6). Como se puede apreciar, las multinacionales aportaron 6.609 millones de € en 2014, en contraposición a las empresas de no grupo que aportaron 12.470 millones de €. En total, en Impuesto de Sociedades se devengaron 19.414 millones de €, el 1,8% del PIB de 2015, o el 5,2% de la recaudación del Estado.




A modo de resumen para comparar cifras y magnitudes, las familias aportaron en forma de IRPF y cotizaciones sociales 193.811 millones de €, mientras que las empresas 19.414 millones de €, casi 10 veces menos, y las multinacionales 6.609 millones de €, 29 veces menos.

Es por tanto evidente que en términos globales sí existe una diferencia notable entre las aportaciones que realizan al erario público los hogares y familias con respecto a las empresas, aunque por razones radicalmente distintas a los argumentos que se exponen tanto en los informes como prensa y medios de comunicación.


El contexto.

Para tener una perspectiva más amplia desde donde poder comprender este fenómeno, se deben distinguir dos tipos de bases imponibles: renta brutas de los hogares (salarios de los trabajadores, dividendos y capital), e [Impuesto de] Sociedades consolidada. ¿Qué son las bases imponibles? Básicamente la capacidad económica de un trabajador o empresa desde donde se aplican las diferentes figuras impositivas. O dicho de otra manera, es desde donde la Agencia Tributaria calcula cuántos impuestos debe pagar un sujeto físico o empresa para la obtención de la recaudación pública.

Antes de continuar es importante recordar que estas rentas salariales tienen su origen en los flujos de estas mismas empresas, y que no dejan de ser otro costo más de sus cuentas de resultados para el cálculo del resultado ordinario neto o rentabilidad antes de impuestos, y que finalmente da lugar a la base imponible bruta para el cálculo del Impuesto de Sociedades. O dicho de otra manera, la base imponible bruta de las empresas se calcula descontando, entre otras muchas partidas y rúbricas, las rentas salariales.

En la siguiente tabla de este mismo informe de la Agencia Tributaria (pag. 9 - cuadro 1.1), se proporciona un cuadro resumen de las principales bases imponibles brutas. Para las rentas de los hogares y familias ascendía a 560.581 millones de € en 2015 (o el 52,1% del PIB), mientras que los beneficios empresariales antes de impuestos ascendieron a 80.591 millones de €, o el 7,5% del PIB.




Y es a partir de estas bases imponibles brutas que se puede obtener una confirmación y una posible explicación a partir de una operación aritmética básica. La confirmación es que sí es cierto y evidente que solo en impuestos a las rentas, las familias aportan mucho más que las empresas en impuestos al Estado, ya que mientras las primeras representan un 52% de la recaudación total al Estado, las segundas apenas un 5%.

Sin embargo la explicación a esta incognita está en la base imponible bruta. Para las rentas de las familias, que es sobre la que se aplican la recaudación por IRPF, asciende a 560.581 millones de € en 2015, mientras que la base imponible bruta para el Impuesto de Sociedades de todas las empresas del país asciende a 80.591 millones de €. Es evidente que la recaudación de la primera partida siempre será varios ordenes de magnitud superior a la segunda, por lo que este supuesto desequilibrio es como consecuencia de la propia estructura de producción de los países modernos, y no a supuestas estructuras morales de Estado.

Otra perspectiva oficial e interesante por su información visual, es el informe de la Agencia Tributaria de Análisis de los datos estadísticos del ejercicio, y en el que para los ejercicios 2014 y 2014 se proporciona la estructura de la base imponible para las 6 principales figuras tributarias. Como se puede observar, para ambos ejercicios el factor trabajo representa el 82% de toda la base imponible de España, es decir, todas las rentas sobre las que hacienda calcula cuántos impuestos deben pagarse al erario público.





La situación en Europa.

Por último también sería interesante poder comparar la situación de España con el resto de países de Europa. Existe una percepción popular de España como país particularmente laxo en la manera de repartir este esfuerzo de la recaudación pública entre familias y empresas como consecuencia de sus raíces y evolución histórica. Se podría decir que en comparación con otros países de Europa, en España existen políticias públicas diseñadas adhoc para promover este desequilibrio e injusticia social en el reparto del esfuerzo tributario.

Sin embargo casi como siempre, percepción y realidad nunca van de la mano. Gracias a un excepcional trabajo de recopilación realizado por @Jaume Viñas para el diario económico CincoDías, se puede comparar la recaudación con respecto al PIB entre diferentes tributos para diferentes países de la Unión Europea. Como se puede observar, aunque existen diferencias entre países (y es sobre lo que España definitivamente debe y puede trabajar por mejorar), en todos y cada uno de los países existen diferencias sobresalientes entre la aportación de las empresas (IS) con respecto a las familias (IRPF y Cotizaciones Sociales) al erario público.

Como ejemplo paradigmático se propone comparar España con Francia, país mundialmente famoso por tener una de las socialdemocracias que más invierten del mundo en Estado de Bienestar. Y las diferencias son sobresalientes, ya que la aportación no solo sigue el mismo patrón, sino que lo supera. En Francia sus empresas aportan al erario público 2,7 puntos PIB en Impuesto de Sociedades, apenas 0,7 puntos más que España, mientras que los hogares y familias en Francia aportan en IRPF y cotizaciones 28 puntos PIB, cifras notablemente superiores a los 20,2 puntos recaudados en España. Sobra decir que en IVA e IIEE también tienen una recaudación superior, por lo que el esfuerzo de las familias francesas serían incluso superiores si se incluyeran ambas rúbricas en el total.





Conclusiones.

Una vez revisados los datos y estadísticas desde donde se construyen informes y titulares, e independientemente de porcentajes o la conveniencia de incluir o no IVA e IIEE en el cálculo final, es inevitable concluir que no tiene mucho sentido tratar de evaluar si es de justicia social que las familias aporten al erario público con muchos más recursos que las empresas. Y es que el razonamiento pertenece más al mundo de la aritmética y el sentido común, que al mundo de la moral o a teorías conspiratorias.

De una partida tan reducida como es la base imponible bruta de todo el Impuesto de Sociedades (7,5% PIB), o incluso de una mucho más reducida como la perteneciente a empresas multinacionales (3,20% PIB), la recaudación por este impuesto no solo es limitada, sino comparativamente de varios ordenes de magnitud inferior a la base imponible bruta de hogares y familias (44,8% PIB).

Tal y como se pudo ver en análisis anteriores, solo los consumos intermedios y el gasto en personal representan casi el 90% de los costos de una empresa, apenas dejando espacio para una base imponible bruta más amplia comparativamente hablando con respecto a las rentas salariales. Incluso en el extremo teórico de fagocitar todos los beneficios empresariales, las diferencias seguirían siendo notablemente diferentes.

Por último, si se compara la situación de España con respecto al resto de países europeos, se puede confirmar que España no solo no es una excepción en Europa, sino que existen países como Francia cuyos trabajadores aportan en IRPF y Cotizaciones Sociales mucho más al erario público en comparación a sus empresas, sin ser por ello etiquetado como un problema de índole moral.

El objetivo del presente artículo no es analizar si las empresas aportan mucho o poco, si su esfuerzo responde a criterios de justicia social, o si se deberian aplicar reformas tributarias que permitieran a España alcanzar recaudaciones más cercanas a la media de la Unión Europea. El objetivo exclusivo es seguir analizando y estudiando si determinados titulares e informes responden a criterios objetivos y aritméticos, o más bien a narrativas basadas en el mundo de las ideas.