Muy agradecido a Andrés Llorente, presidente de Smart Social Sicav, por su mención en twitter:




Muy agradecido a Francisco de la Torre, inspector de la Agencia Tributaria, y ex secretario general de la organización de Inspectores de Hacienda, por avalar el presente artículo.




Artículo resumen publicado en LibreMercado.





El mito económico número 6 está dedicado a un instrumento de inversión colectiva denominada SICAV, que como es público y notorio, actualmente no goza de la máxima aceptación ciudadana. Las SICAV son vehículos de inversión que tienen los mismos privilegios fiscales que un plan de pensiones (tributan un 0% por Impuesto de Sociedades), o un fondo de inversión (tributan un 1% por Impuesto de Sociedades), vehículos de ahorro que todos los ciudadanos pueden contratar en cualquier banco tradicional como vehículo de ahorro e inversión. Su regulación se puede consultar en el artículo 28.5 del texto refundido de la ley que lo regula. Sin embargo la finalidad de este artículo no es describir exáctamente qué es o cual es la normativa legal de una SICAV, ya que en internet existe mucha información al respecto, sino avanzar en el mito que se ha creado en torno a el en materia de privilegios fiscales. Normalmente los artículos que se pueden encontrar en prensa escrita (aquí, aquí, o aquí) no hacen más que propagar el meme sin un sentido crítico, por lo que es necesario aclarar qué es cierto y qué no, con lo que así poder valorar los artículos con conocimiento de causa.


Los beneficios de las SICAV tributan al 1%

De acuerdo al mito económico, las SICAV tributan solo un 1% por beneficios, un agravio comparativo de primer orden si se compara con lo que puede tributar por sus beneficios, por ejemplo, una PYME (media del 19,7%). Pero, ¿es esto cierto? En primer lugar, no se puede atribuir un 1% como agravio comparativo, cuando los planes de pensiones privados, o los fondos de inversión, tributan por el mismo procedimiento al 0% y al 1% respectivamente. Aún así, desde el punto de vista técnico tributario, sí que es cierto que tributan un 1% por IS. La ley afirma que las SICAV solo deben tributar un 1% por beneficios. Sin embargo no hablar de toda la cadena de impuestos que acompañan al 1% no es dar una fotografía correcta de qué pasa con los beneficios que proporcionan estas sociedades, generando una percepción que no se ajusta a la realidad. Se explica con el siguiente ejemplo.

Se supone una SICAV que invierte en una empresa que cotiza en bolsa (para simplificar el ejemplo, se convierte en accionista único y adquiere el 100% de sus acciones), y que tiene un beneficio de 100.000€ antes de impuestos (IS).

  1. La empresa antes de repartir dividendos a la SICAV, primero tendrá que tributar un 17% por Impuesto de Sociedades, por lo que los beneficios después de impuestos ascenderá a 83.000€.

  2. A continuación, éstos 83.000€ tributarán un 1% en la SICAV, por lo que el beneficio final de la sociedad colectiva será de 82.170€. Si la empresa decide reinvertir los beneficios en otras empresas, es decir, no ser rescatado por el accionista de la SICAV (reembolso), no tendrá que pagar más por el momento, y podrá diferir al futuro el siguiente tributo.

  3. Finalmente, cuando los beneficios se distribuyen en forma de dividendos a sus accionistas, se deberá tributar como ganancia patrimonial (o plusvalía, es decir, el valor de transmisión o venta, es superior al valor de adquisición o compra) en la base imponible sobre el ahorro en la declaración de la renta a un 27% sobre este beneficio de 82.170€ (22.185€), por lo que finalmente el beneficio neto para el inversor, después de toda la cadena de impuestos, será de 59.985€. O visto desde otra perspectiva, los 100.00€ de beneficios iniciales han tributado por un tipo efectivo del 40%, bastante superior al 1% propagado por los medios de comunicación.

¿Tiene sentido que tributen al 19,7%, tipo efectivo de una PYME? Si se realiza otra simulación como la realizada anteriormente, se puede entender por qué esta reivindicación es el origen y razón por la que todos estos vehículos tributen tan poco. En el caso teórico de que debieran tributar como una PYME (19,7%), los 83.000€ de beneficio antes de impuestos rescatados en el paso dos, se convertirían en unos beneficios después de impuestos de 66.649€ una vez la sociedad tributa por IS. A continuación, cuando el accionista quiere realizar un reembolso (también llamado transmisión o rescate), debería tributar un 27% como ganancia patrimonial en la base imponible del ahorro en su declaración del IRPF. Al final de toda la cadena de impuestos, los 100.000€ iniciales se habrían convertido en 48.653€, o dicho de otra manera, los beneficios originales habrían tributado por un tipo efectivo del 51%.


Las SICAV ostentan privilegios fiscales

Otra de las críticas más comunes que se realizan sobre estos vehículos de inversión, son las relacionadas con supuestos privilegios fiscales de los que solo pueden disfrutar los accionistas de este tipo de productos. Como en teoría estos vehículos de inversión no están al alcance de todos los ciudadanos por requerimientos de número de accionistas (mínimo 100) y patrimonio (mínimo 2,4 millones de €), se perciben como un privilegio al alcance de muy pocos. Pero ¿realmente las SICAV disfrutan de privilegios fiscales? A continuación se enumeran los tres más importantes:

  1. Reinversión: Cuando la SICAV rescata dividendos de las sociedades donde invierte, después de tributar al 1% por IS, pueden decidir repartir estos beneficios a sus accionistas (por lo que deberán tributar en su correspondiente declaración de IRPF como ganancia patrimonial), o pueden reinvertir los beneficios para continuar con la acumulación del capital por interés compuesto, aplazando la tributación indefinidamente hasta que se materialice un rescate, y por tanto, dispare ganancia patrimonial.

  2. Traspasos: Cuando un accionista decide no seguir con su inversión en una SICAV A, puede vender sus participaciones, y adquirir nuevas en otra SICAV B sin disparar ganancia patrimonial. La razón de su existencia es buscar la neutralidad de los vehículos de ahorro, y no penalizar al ahorrador si quiere elegir otro producto de inversión.

  3. Residencia fiscal: Aquellos individuos que no tienen su residencia fiscal en el país donde se generan los beneficios, no deberán tributar por las ganancias patrimoniales en caso de venta por traspaso. A modo de ejemplo, un ciudadano alemán que invierte en una SICAV en España, puede decidir vender sus participaciones en nuestro país, y realizar un traspaso a otra SICAV en Inglaterra sin tributar por ganancia patrimonial en España.

Sin embargo, estas tres características no pueden ser catalogadas como privilegios. Tanto los fondos de inversión que reinvierten sus dividendos (o intereses en el caso de invertir en depósitos bancarios, o cupones en el caso de los bonos), como los planes de pensiones privados, productos de ahorro al alcance de todos los ciudadanos (se pueden contratar en cualquier banco de ahorro o inversión), disfrutan de estas tres características.

A modo de ejemplo paradigmático, los planes de pensiones, al igual que los fondos de inversión clásicos, pueden hacer uso de cualquiera de estas herramientas :

En primer lugar, la ley no permite rescatar capital (reembolso) hasta que se cumple, entre otras condiciones, alcanzar la edad de jubilación, por lo que se aplica la reinversión de beneficios a lo largo de toda la vida laboral del trabajador, y se aplaza la tributación por ganancia patrimonial hasta la fecha de retiro como trabajador en activo.

En segundo lugar, el plan de pensiones normalmente suele estar diversificado, es decir, invertido en activos de diferentes partes del mundo, por lo que también se cumple la condición de los traspasos, es decir, el plan puede comprar y vender todas las veces que estime oportuno a lo largo del año, con el fin de obtener la máxima rentabilidad para el jubilado sin disparar tributación por ganancia patrimonial.

Por último, los planes de pensiones también podrían cumplir la condición de residencia fiscal en caso de que la ley permitiera contratar estos vehículos en otros países de Europa. Si un trabajador español pudiera contratar un plan de pensiones domiciliado en Alemania, cuando llegara la hora de disfrutar de la pensión en España por tener aquí establecida la residencia fiscal, el reembolso y su correspondiente ganancia patrimonial debería tributar en España y no en Alemania.

Es por tanto que no tiene sentido hablar de privilegios fiscales, cuando estos son igualmente utilizados por cualquiera de los otros productos de ahorro e inversión al alcance de cualquier ciudadano normal y corriente.

¿Se pueden utilizar estos vehículos de ahorro de manera fraudulenta?

Como muy bien describe Francisco de la Torre, inspector de la Agencia Tributaria, y ex secretario general de la organización de Inspectores de Hacienda, en su más que recomendable libro "Hacienda somos Todos?", las sicav pueden presuponerse un privilegio fiscal si las instituciones no son realmente colectivas (es decir, constituidas de acuerdo a lo que exige la ley), y no porque disfruten de privilegios fiscales efectivos concretos que no estén al alcance de ningún ciudadano corriente, explicación de por qué para muchos españoles sicav se equipara con fraude y ricos.

¿Por qué entonces las sicav han sido los vehículos preferidos por los grandes patrimonios? básicamente por dos razones. La primera es que, a diferencia de los fondos de inversión, en el que la gestión y decisión de cómo y cuándo invertir está supeditada a las decisiones del equipo gestor que funda el fondo, en una sicav son los accionistas (el/los propietarios del patrimonio) quienes tienen la capacidad y poder de decisión. La segunda razón ha sido la capacidad práctica para eludir y sortear la ley, prácticas detectadas por los inspectores de hacienda a lo largo del tiempo.

Por ejemplo, hasta 2010 (con posterioridad a la nueva ley aprobada por Elena Salgado ya no es posible), sus dueños podían anotarse las distribuciones de capital como minoraciones del capital suscrito, ahorrándose pagar impuestos por no computar como plusvalías. O dicho de otra manera, los dueños se repartían dividendos aduciendo que éstos no eran beneficios, sino capital aportado (ahorro invertido previamente), por lo que no solo se ahorraban tributar por IRPF (21%, 25% o 27%), sino que tampoco lo hacían por los tipos normales de IS, un auténtico agravio comparativo de primer orden.

Otro ejemplo de irregularidad cometida por las SICAV, y descubierto por los inpectores de hacienda en 2005, es que en muchas SICAV, de los 100 accionistas que como mínimo exige la ley para su constitución, 99 eran lo que se denomina en la jerga tributaria "mariachis", por lo que el accionista único utilizaba la sociedad SICAV no como institución colectiva que exige la ley, sino para consumo y disfrute propio, es decir, en adquirir una vivienda personal, coche, viajes, etc., con lo que así defraudar a hacienda.

Por tanto, a modo de conclusión, la finalidad de este artículo no es decidir si una SICAV paga mucho o poco, o estar a favor o en contra de su existencia, sino hacer uso de datos correctos con los que evaluar y dar luz sobre el mito del 1%. Pueden existir otros motivos por los que estar en contra de estos productos, pero es importante que el debate se realice con datos, cifras correctas, y sentido crítico. Que las SICAV, hayan podido o puedan ser utilizadas de manera fraudulenta, y se requiera de sus correspondientes reformas para eliminar todo rastro de privilegio y corrupción, no significa que el vehículo en sí deba ser demonizado. Es más, gracias a las nuevas tecnologías, existen proyectos que están empezando a democratizar este vehículo de inversión entre los pequeños ahorradores, como la primera "SICAV de las redes sociales", una auténtica revolución para el pequeño inversor.

NOTA: Es interesante resaltar que el patrimonio de las SICAV apenas suponen un 10% (35.559 millones de €) del total de los vehículos de inversión colectiva existentes en España (366.000 millones de €).

NOTA2: En la cadena de impuestos, por simplificación, no se ha incluido la tributación que sufre la renta salarial bruta antes de convertirse en neta destinada a ahorro (IRPF, SS, etc.).